17 ene. 2010

Aquella mañana el despertador le dio los buenos días con una noticia sorprendente:

"Las autoridades esperan que este mediodía las lluvias torrenciales se ciernan sobre nuestra ciudad. Todos los habitantes deben salir de ella, pues en unas horas las aguas lo sumergerán todo".

Mientras desayunaba vio que un hombre con su burro cargado de cosas le saludaba diciéndole:

-¿Qué haces que aún no te has preparado para salir de la ciudad? ¿Acaso no has oido las noticias?

A lo que él respondió:

- No tengo miedo. Yo creo en Dios. Él me protegerá.

Unas horas más tarde el cielo se volvió oscuro, como si fuese de noche, y comenzó a llover copiosamente. Por delante de su casa pasó un vecino que, viéndolo aún dentro y tranquilamente sentado delante del televisor, le avisó:

- ¿No ves que ya está lloviendo? La lluvia va a inundarlo todo. No seas loco. Vente conmigo. En mi coche hay sitio de sobra.

Pero él insistía:

- No hay peligro. Yo soy un hombre de fe. Dios me protegerá.

Cuando la lluvia ya había inundado la primera planta de su casa, el hombre, asomado por la ventana de su habitación, vio que un sacerdote pasaba por delante en una barca, junto a algunos pobres de la ciudad.

- ¿Qué haces aún en casa? ¿No ves que el agua lo está cubriendo todo? Sube a la barca y vente con nosotros - le dijo.

- Dios no permitirá que me pase nada. Tengo fe en Él. Váyanse - contestó.

Horas más tarde, con su casa totalmente cubierta por el agua, el hombre estaba sentado en el techo, bajo la lluvia. Un helicóptero se detuvo sobre él, le lanzaron una cuerda y le gritaron:

- ¿Qué hace ahí? ¿Está usted loco? Agarre la cuerda y suba inmediatamente.

- Dios me protege. Tengo fe en Él. No permitirá que me pase nada.

Por supuesto, el hombre murió ahogado. Cuando llegó ante Dios, le espetó:

- Señor, yo creía en ti. Siempre había seguido tus designios. He tenido una vida llena de Fe, y ¿me lo pagas así, dejándome abandonado a mi suerte bajo la lluvia a pesar de haberles dicho a todos que confiaba en Ti?

A lo que Dios le contestó:

- ¿Cómo dices que te abandoné? Te mandé una noticia en la radio, un hombre con un burro, tu vecino con su coche, un sacerdote con una barca, un helicóptero... Tú elegiste no aceptar toda la ayuda que te envié... Nunca te abandonaría.
12 ene. 2010


Esta mañana he atendido a un cliente por teléfono, enfadado porque trataba de hacer una gestión por internet de algo que tenía contratado y decía que no tenía la posibilidad de hacerlo. Cuando conseguí que se calmase le pedí que mirase atentamente la pantalla de su ordenador y que me leyese exactamente todo lo que veía. Al cabo de medio minuto, ante sus ojos, pudo ver claramente que esa opción "que no existía", aparecía diáfana y luminosa...

Me pidió disculpas, me dio las gracias y colgó, con la gestión hecha.

...y es que a veces nos obcecamos tanto que no somos capaces de ver las señales. Si prestásemos sólo un poquito más de atención...

Si mañana tengo tiempo escribiré una historia que escuché en una serie de televisión sobre ésto de prestar atención a las señales...
9 ene. 2010

Bien, después de las fiestas, ya estamos por aquí de nuevo. En primer lugar, FELIZ AÑO para todos (los tres o cuatro que pasáis por aquí). Sigo dejando ésto abandonado de vez en cuando, pero no del todo. Digamos que, en algunos momentos, me marcho a otra casa durante un tiempo y después vuelvo. Soy un poco desastre para las rutinas; no nos llevamos bien y, la verdad, soy poco exigente conmigo mismo en este aspecto.

¿Por qué el título de la entrada? Porque es curioso que la Navidad tiene efectos extraños en las personas. A algunos les hace tratar de ser más amables, otros intentan aparentar felicidad, algunos se ponen tristes..., pero no deja indiferente a nadie. A mí la Navidad me encanta. Primero por lo que representa, por supuesto, y después por la parafernalia de que la hemos vestido: esas luces por las calles, ese ir y venir de la gente en las tiendas, el olor de las castañas asadas, los algodones dulces, los belenes...

Pero es curioso que siempre hay alguien en contra de todo. A ellos va dirigida esta entrada; porque hace poco leí en algún sitio a alguien que decía que estaba en contra de la Navidad porque era una época de desaforado consumismo. A esas personas son a las que llamo hipócritas.

¿Porqué? Porque les molesta el exacerbado consumismo precisamente en la época en la que gastamos más para los demás y menos para nosotros mismos. Les molesta el consumismo cuando nos lanzamos a las tiendas casi sin preocuparnos de los precios (digo "casi") para hacer felices a los familiares, a los amigos, incluso a algún desconocido... Una vez al año nos ocupamos un poquito más de los otros y no nos importa el dinero que cueste. Una vez al año..., y le llaman consumismo. Y esas voces discordantes no están en contra del consumismo desmedido que llena las tiendas el día 7 de enero en eso que llaman "Rebajas". A ver si alguien me convence de que no es hipocresía.