22 sept. 2010


No he podido resistirme a ésto: una canción universal; cantantes anónimos (a menudo callejeros) alrededor del mundo; un grupo de gente con ganas de demostrar que, en el fondo, no somos tan distintos... Lo que sale es una maravilla. Un proyecto del año 2006 que aún sigue funcionando.

Como dice un eslogan de una marca de refrescos, "el ser humano es maravilloso". Tolkien decía que el hombre es "el animal que cuenta cuentos"... Si lo unimos todo, aquí está el resultado...



18 sept. 2010
Es curioso cómo el poder se empeña en corromper el lenguaje para usarlo en su favor.

Alguna vez ya he escrito aquí sobre esos circunloquios que se usan (interrupción voluntaria, salud reproductiva, daños colaterales, expediente de regulación...) para ocultar la verdad de las cosas.

De un tiempo a esta parte veo observando cómo se usa la palabra "normal" para convencernos de cosas que nada tienen que ver con la normalidad.

Nos quieren convencer de que algo que es habitual, se convierte en normal, y no es así: por mucho que algo se haga muchas veces o lo hgan muchos, no significa que sea normal. Y lo que es normal es lo que está dentro de la norma, aunque lo haga sólo una persona. Ya basta de jugar con las palabras.

Por mucho que haya, por poner un ejemplo, muchas uniones (me niego a llamarlo matrimonio, lo siento) gays, no significa que sea normal. Puede llegar a ser habitual, pero no normal. Por esa regla de tres, es normal que la juventud se dedique a salir de madrugada a emborracharse en la calle y molestar a las personas que descansan. Es normal que ETA asesine a gente. Es normal que haya hombres que maltraten a sus parejas... ¿seguimos poniendo ejemplos?
9 sept. 2010
Ayer caminaba hacia el lugar donde había quedado con un amigo, y como a mitad de recorrido alguien, que también andaba, me detuvo para preguntarme:

- ¿Eres de esta zona? ¿Sabes si hay algún club por aquí?

No me preguntaba precisamente por un club cultural o deportivo (lo sé porque le pregunté qué tipo de club buscaba y me lo especificó sin ningún rubor).

Mi reacción fue indicarle que justo enfrente de donde estábamos había uno. Le pareció algo "cutre" la pinta que tenía y me preguntó si conocía alguno más al que se pudiese llegar andando. A esa pregunta le respondí que no tenía ni idea. Y seguimos cada uno nuestro camino.

Luego mi conciencia me regañó... Tal vez ni siquiera tendría que haberle indicado aquel del otro lado de la acera. Tal vez, si no quería entretenerme demasiado, con haberle mentido diciéndole que no había clubs de ese tipo en la zona, hubiera bastado. Tal vez podría haber perdido algo de tiempo en preguntarle qué iba a hacer a un sitio de ésos, en los que tanto se degrada a quien "trabaja" ahí como a quien recurre a esos servicios. Tal vez podría haberle preguntado si no le esperaba una mujer en casa, unos hijos, una novia, una madre... Pero no lo hice..., y mi conciencia me regañó.

Si estamos obligados a mantener nuestra propia lucha lejos de los muros capitales de nuestra alma, también estamos obligados a tratar de que la gente que nos rodea no se empeñe en llevar al enemigo a las puertas de su casa..., y mucho menos dejarles que lo inviten a pasar al salón.

Es una gran responsabilidad de la que nos pedirán cuenta.
1 sept. 2010
Ahora que casi todo el mundo acaba sus vacaciones y yo empiezo las mías, es un buen momento para retomar el blog.

He estado varios días pensando en cuál sería la primera entrada del regreso, pero el sábado pasado disipé todas las dudas. Porque el sábado pasado estuve con toda mi familia en Pozoalbero, la casa de retiros que el Opus Dei tiene en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Allí han trasladado a mi hermana este año, a formar parte de la Administración, las mujeres de la Obra que se encargan de la casa; las que hacen que todo esté perfecto, limpio, acogedor, agradable; en definitiva, que aquéllo sea precisamente éso: una Casa. Y fuimos a hacerle una visita.

¿Y qué tiene que ver todo ésto con el título de la entrada? Pues muy sencillo: en Pozoalbero pudimos conocer a gran parte de las mujeres de la Administración, y pude comprobar (de nuevo) que la Santidad (la lucha por conseguirla, más bien) hace bellas a las personas. Bellas en el más amplio y global sentido de la palabra.

Las mujeres que pude ver allí entre fogones, en sus quehaceres diarios, de un lado a otro, todas, despedían esa Belleza (lo pongo adrede en mayúsculas). Dicen que de la abundancia del corazón hablan los ojos, y todos los ojos que vi allí eran unos ojos limpios, cristalinos, FELICES, BELLOS.

Qué equivocados estamos cuando nos ponemos a dieta, cuando nos machacamos en el gimnasio, cuando nos embadurnamos en cremas, potingues y mejunges, cuando nos operamos tal o cual cosa... qué equivocados estamos.

La belleza, la Verdadera Belleza, sólo se consigue siendo fieles a nuestro camino, luchando por ser cada día mejores, sin conformarnos, pero con la Meta muy clara, tratando de hacer felices a los demás sin importarnos lo que nos cueste... Ésa es la Belleza que queda a lo largo de los años, la que brilla cuando el cuerpo se va ajando y no sirven esos remedios mundanos a los que nos aferramos. Ésa es la Belleza. Y esa belleza interior, lo puedo asegurar, también nos hace bellos por fuera.