18 sept. 2010
Es curioso cómo el poder se empeña en corromper el lenguaje para usarlo en su favor.

Alguna vez ya he escrito aquí sobre esos circunloquios que se usan (interrupción voluntaria, salud reproductiva, daños colaterales, expediente de regulación...) para ocultar la verdad de las cosas.

De un tiempo a esta parte veo observando cómo se usa la palabra "normal" para convencernos de cosas que nada tienen que ver con la normalidad.

Nos quieren convencer de que algo que es habitual, se convierte en normal, y no es así: por mucho que algo se haga muchas veces o lo hgan muchos, no significa que sea normal. Y lo que es normal es lo que está dentro de la norma, aunque lo haga sólo una persona. Ya basta de jugar con las palabras.

Por mucho que haya, por poner un ejemplo, muchas uniones (me niego a llamarlo matrimonio, lo siento) gays, no significa que sea normal. Puede llegar a ser habitual, pero no normal. Por esa regla de tres, es normal que la juventud se dedique a salir de madrugada a emborracharse en la calle y molestar a las personas que descansan. Es normal que ETA asesine a gente. Es normal que haya hombres que maltraten a sus parejas... ¿seguimos poniendo ejemplos?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

hola Juanma! que razón tienes y que importancia tiene el lenguaje para el conocimiento. Parte de la solución del problema creo que empieza en la foto...la educación, la cultura. Si desde pequeños nos enseñaran que, "no es igual" y "por qué no es igual".... da recuerdos a tus padres de mi parte. estibaliz