14 jun. 2009
Algún domingo que otro, como hoy, voy a ver si pongo por aquí alguno de mis relatos. Hoy os dejo con éste, titulado "Cambios", que tiene algo que ver con "La metamorfosis" de Kafka, aunque digamos que es una... versión libre.


Se despertó con una extraña sensación. Se encontraba distinto. Tenía los ojos cerca del suelo, donde solía dormir por las noches, y notó que al llegar la mañana, la luz le molestaba más de lo acostumbrado y que veía el lugar donde reposaba de otra forma, como si pudiese distinguir menos sus rugosidades, sus texturas, sus distintas temperaturas…

Quiso moverse un poco, pero algo le impedía hacerlo de la misma forma en que acostumbraba. Trató de empujar su cuerpo hacia adelante, pero sus extremidades no respondían. Entonces notó que podía desplazar la mirada hacia los lados, hacia arriba y hacia abajo. Notaba que su cabeza estaba más separada del resto de su cuerpo de lo que había estado siempre, lo cual le permitía ver más de sí mismo. Pasó una de sus extremidades cerca de los ojos y vio horrorizado que no era lo que esperaba…

En lugar de sus antiguas patas, allí había un brazo humano que, al pasarle por delante de los ojos le hizo sentir miedo, hasta que descubrió que era él quien lo manejaba. Giró la cabeza hacia el lado contrario y vio otro brazo. El resto de sus patas habían desaparecido de los costados de su cuerpo. En cambio, al final de él, alejándose hacia atrás, pudo ver dos extremidades nuevas; dos extremidades humanas que podía doblar por la mitad y en cuyo extremo tenían una especie de apéndice con pequeños salientes alargados que también podía mover. Recordó que había pasado toda su vida huyendo de aquellos apéndices que caían desde arriba hacia donde él se encontraba para aplastarlo.

Trató de avanzar sobre su vientre, como lo había hecho desde que nació, pero no pudo. Las nuevas extremidades que habían aparecido en su cuerpo no se apoyaban contra el suelo; sólo yacían sobre él. Hizo un esfuerzo titánico para darse la vuelta, y al fin, después de algunos minutos, lo consiguió.

Estaba mirando hacia arriba, extendido a todo lo largo, y notaba que su lomo percibía en toda su extensión el frío y la humedad del lugar en el que estaba tumbado. Lanzó las extremidades humanas más cercanas a su cabeza hacia atrás, para volver a darse la vuelta, aunque notaba que podía respirar perfectamente en esa posición. De repente vio que, apoyándose sobre aquellas extremidades, había dejado de estar en posición horizontal, al menos la mitad de su cuerpo. Ahora, una mitad de él, la superior, estaba hacia arriba, y la otra mitad seguía extendida. Podía doblar su cuerpo sin sentir dolor. Y, al cabo de un rato, también consiguió doblar por la mitad las dos extremidades que aún tenía en el suelo.

Trató de desplazarse haciendo fuerza con esas extremidades, y de repente notó que empezaba a elevarse, más alto de lo que nunca había estado. Pero seguía teniendo los dos extremos inferiores de su propio cuerpo apoyados sobre el suelo, como en equilibrio. Podía ver los apéndices de los que había huido toda su vida allí abajo. Pero esta vez eran suyos. Elevó uno de ellos y lo dejó caer de nuevo. Oyó cómo sonaba al golpear contra el suelo y sintió el golpe. Nunca antes había tenido esa sensación: la sensación de poder notar su propio peso sobre un par de apéndices que podía subir y bajar a su antojo.

Notó que podía desplazar aquellos apéndices hacia adelante, uno cada vez, y que el resto de su cuerpo los seguía. En pocos minutos consiguió controlar su nuevo movimiento y empezó a moverse, lentamente, a través de aquel inmenso túnel de ladrillo y agua que ahora le parecía putrefacto y antes era su casa.

Entonces apareció ante él un insecto. Lo vio abajo, desde su posición elevada, pequeño, indefenso, pero como retándolo con sus antenas y su quietud. Era una cucaracha, pero aún no lo sabía. Sólo sabía que tenía que acabar con ella. Levantó su apéndice inferior en el aire y lo dejó caer rápidamente, aplastándola.

Cuando volvió a levantar su extremidad, el insecto aún temblaba, aplastado, las antenas arrugadas y el cuerpo deshecho. Logró acercar sus ojos hacia la cucaracha doblando su cuerpo hacia abajo. Aprendía rápido a usar todas las posibilidades. Contempló aquel pequeño ser agonizando ante su rostro y algo se le removió por dentro.

- ¿Mamá? – se oyó a sí mismo balbuceando, sin saber cómo.

Luego siguió desplazándose hacia adelante, lentamente, con su nuevo cuerpo humano, a través de la alcantarilla.
13 jun. 2009
Me resulta gracioso cuando entro en alguna red social y me encuentro grupos que se crean con el nombre de "Cambio los tesoros de la Iglesia por comida para el tercer mundo". Por lo general, y sin ánimos de ofender, suelen crearlos gente inculta, que no sabe de lo que habla, pero que se deja llevar por la corriente imperante en cada momento.

Resulta que aún no he encontrado ningún grupo (y me comprometo a crearlo y contaré qué ha resultado) que se denomine "Cambio el dinero que se está gastando el Madrid en fichajes por comida para el Tercer Mundo".

Mi padre, que es muy sabio, dice que es inmoral la cantidad de dinero que mueve el fútbol y lo que cobran las estrellas simplemente "porque el fútbol lo genera". Me pregunto cuánto cobrarían los trabajadores de, por ejemplo, El Corte Inglés si se les aplicara este mismo criterio; seguramente mucho más de lo que cobran...
10 jun. 2009
Las siestas podrían mejorar la sensibilidad del cerebro a las emociones positivas, según un estudio de la Universidad de California en Berkley que se ha hecho público durante la reunión anual de la Asociación de Sociedades Profesionales del Sueño (SLEEP 2009) que se celebra en Westchester (Estados Unidos).

En realidad lo más curioso del caso es que haya Universidades en el otro lado del Atlántico que estudien algo que nosotros sabemos desde hace siglos y que nos vamos pasando de generación en generación. ¡¡Y hay hasta una asociación de sociedades profesionales del sueño!! Primero los japoneses, ahora los norteamericanos... Todos quieren imitarnos. Si es que somos un país de sabios.

Los norteamericanos se han quedado flipados (según dicen) con nuestro AVE y con nuestra Seguridad Social; tanto que parece que quieren exportarlos. Y digo yo, ¿no lo podrían flipar con nuestro ZP y exportarlo también? A ver si aprende algo de democracia en Estados Unidos...
...soy un desastre para la constancia. Me cuesta horrores. Voy a transcribir las palabras que tanto han tergiversado del Papa y que, según todos los científicos, son tan acertadas. Para los políticos, por supuesto, tan alejados de la verdad científica, una irresponsabilidad. Se puede decir más alto, pero más claro, imposible:

(...) Si los africanos no se ayudan entre ellos, no se puede resolver este flagelo con la distribución de preservativos. Al contrario, se corre el peligro de aumentar el problema. La solución sólo se puede encontrar con un doble compromiso: el primero es humanizar la sexualidad, o sea, una renovación espiritual y humana que traiga consigo una forma nueva de comportarse unos con otros; y, en segundo lugar, una amistad verdadera también y sobre todo con las personas que sufren".

Podríamos jugar todos a manipular, ¿verdad? Es muy fácil hacerlo. Se corta la frase por donde interesa, y se acabó. Luego se da a la opinión pública con una maniobra perfectamente orquestada, y... "que la verdad no te estropee una buena noticia".
3 jun. 2009
Esta noche George Clooney y yo hemos coincidido en Leroy Merlín.

La otra parte de mí que no descansa cuando yo duermo tenía ganas de hacer algo de bricolaje, así que fue a Leroy Merlín a comprar las cosas necesarias: una llave inglesa grande, un taladrador, un martillo y un buen destornillador. Todo 10 euros. Claro que el chaval de la caja, cuando pagué, me devolvió 2, que yo acepté gustosamente (la crisis también está en los sueños). Justo detrás mía estaba George, esperando su turno y hablando con una señora... ¡Qué bien habla español, por cierto!

Vi que un chico de uniforme verde se acercaba a él a preguntarle algo, y el actor, con el buen humor que le caracteriza, le dice: "¿Tú eres el de Leroy Merlín, verdad?" Yo, que en mis sueños no me corto, para éso son míos y yo escribo el guión, me vuelvo y le digo "Tú eres el de Nespresso, ¿no?". En ese momento veo que la cara de Clooney cambia a una parecida a decir "estoy harto de la bromita"; entonces yo, que también soy educado en mis sueños, le pido perdón... Y ahí acabó todo.

Si es que, hasta en sueños, lo que tienen que soportar las estrellas..., y George Clooney también.