28 dic. 2008
Llevo varios días dándole vueltas a qué escribir para retomar de nuevo el blog... Me he debatido, y lo sigo haciendo, entre ser radical, escribir sobre la Navidad, despotricar contra el gobierno, hablar sobre la teoría de mi padre con respecto "al principio de la desaparición de la sociedad occidental" (muy interesante teoría, por cierto), hablar sobre ese experimento científico sobre choques de átomos o qué sé yo que dicen que va a acabar con un nuevo fin del mundo en marzo del año que llega...

Y como sigo sin decidirme, me he dado una vuelta por los blogs que suelo visitar, he recargado las pilas, y ahora, antes de acostarme, (que ya va siendo tarde), sólo voy a desearos unos muy felices días de lo que resta de Navidad (en mi familia la Navidad se "cierra" el 6 de enero, cuando llegan los Reyes, que sí existen, aunque nos quieran convencer de lo contrario), que el año que entra llegue cargado de toda la felicidad que merecéis, y que sus Majestades de Oriente os dejen mucho amor, mucha ilusión y algún que otro regalito...

De lo demás, ya hablaremos otro día, si esta noche no vuela por los aires este bloque en el que vivo por culpa de un escape de gas. Ya os lo contaré algún día, si Dios quiere.
8 dic. 2008
En fin, hace bastante que tengo ésto abandonado. Han pasado algunas cosas en mi vida, algunas importantes para mí, sobre todo en cuanto a mi ánimo, y reconozco que he estado bastante alejado de estas cosas de internet y los blogs. Pero ahora tengo lo que en portugués se llama saudade (me encanta la palabra), así que volveré a estar "en activo" por aquí..., espero que en breve.
28 oct. 2008
Vale, antes de nada, decir que es sólo mi punto de vista (siempre lo es).

Hace un par de días me llamó un amigo por teléfono para darme una noticia que llevo esperando cuatro o cinco años (un proyecto que tal vez cuente algún día). Al colgarle, recién salido de mi trabajo, estaba exultante... Tanto que decidí irme andando a casa (una hora de caminata).

Me descubría a veces sonriendo como un quinceañero que se enamora por primera vez. Con esa cara de tonto que pone uno cuando tiene un golpe de suerte. La sensación era genial, como de andar por sobre el suelo (lo siento, siempre me ha encantado usar las dos preposiciones juntas).

Cuando llegué a casa me dio por pensar que es bueno estar alegres, sonreír, sentir ese gusanillo en el estómago, como si, por un momento, todos los planetas se hubiesen alineado para darnos su brillo y su poder... Pero... ¿aquéllo era felicidad o simplemente alegría?

Ahora que tanto (y tan a la ligera) se habla de felicidad, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo el distinguirla? ¿Será que la confundimos con la alegría del, como diría el santo, "animal sano"?

Reflexioné un rato sobre ello, no mucho porque parece que lo tenía claro, y llegué a la conclusión de que la alegría es pasajera. Placentera, pero pasajera. Uno está alegre cuando aprueba un examen, cuando gana su equipo o pierde el rival (que es una cosa que se da mucho aquí en Sevilla), cuando le regalan el oído, cuando algo le sale bien, cuando le dan una buena noticia..., pero éso se pasa. Luego viene el mundo, la vida real, y nos devuelve los pies al suelo, al polvo que nos mancha los zapatos durante el camino.

La felicidad, sin embargo, es más un fin. Una sensación más profunda, más duradera, más alta, más fuerte. Uno puede ser feliz aún cuando se siente triste. A mi humilde entender, la Felicidad (y lo pongo ahora con mayúsculas queriendo) es el fin último de todo hombre, a lo que todos aspiramos. Es ése acostarse por la noche, derrotado por la lucha, pero con la conciencia tranquila por haber batallado con lealtad y sin desmayo.

Al final, creo que la alegría son esos palos rojos que se ponen a los lados del camino cuando nieva; ése camino que desemboca en la Felicidad. Por eso, a mis amigos, siempre les pido lo mismo: HACEDME UN FAVOR: SED FELICES.
19 oct. 2008
Por supuesto, esta entrada va con doble sentido. "A buen entendedor..." Qué mejor que un santo para recordarnos algunas cosas:

"Calla siempre cuando sientas dentro de ti el bullir de la indignación. Y ésto, aunque estés justísimamente airado.
Porque, a pesar de tu discreción, en esos instantes siempre dices más de lo que quisieras."

"Otra vez...: Que han dicho, que han escrito... En favor, en contra... Con buena, y con menos buena voluntad... Reticencias y calumnias, panegíricos y exaltaciones... Sandeces y aciertos...
¡Tonto, tontísimo! ¿Qué te importan, cuando vas derecho a tu fin, cabeza y corazón borrachos de Dios, el clamor del viento o el cantar de la chicharra, o el mugido o el gruñido o el relincho?...
Además... es inevitable: no pretendas poner puertas al campo."

"Es verdad que fue pecador, pero no formes sobre él ese juicio inconmovible. Ten entrañas de piedad, y no olvides que aún puede ser un Agustín, mientras tú no pasas de mediocre."

"Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral.
Construir: ésta es la labor que requiere maestros."

Y ahora una frase de nuestro genial hidalgo: "Ladran luego cabalgamos".

Creo que no hace falta decir nada más.
15 oct. 2008
"Women on Waves" (Mujeres sobre las olas) es un nombre bastante poético. El problema es que la ONG con esta denominación se dedica, sin escrúpulo alguno, a asesinar niños no nacidos.

Me pregunto varias cosas. Primero: ¿Una ONG no es una organización humanitaria? ¿Qué humanismo hay en el asesinato? ¿Para cuándo una ONG para matar a los niños con síndrome de Down o a los ancianos? Total, ya pronto lo vamos a hacer legal. Montemos una ONG y forrémonos asesinando legalmente.

Resulta que ésta ¿ONG? la fundó una señora doctora. ¿Qué juramento hipocrático hizo? ¿Qué médico de verdad se dedica a matar a gente? Creo que lo hacían los nazis, ¿no?

Es gracioso que la gente que defiende el asesinato de niños inocentes en el vientre de la madre (a partir de ahora me propongo no volver a usar la palabra "aborto"; me remitiré a su definición completa) habla de la falta de respeto a la libertad de elección de la madre. Bien, ¿y por qué no defendemos de igual manera la libertad de elección de los nazis o los etarras? Si ellos quieren matar para defender sus ideas, están en su derecho y en su libertad.

Es curioso que cuando se habla de defender una vida inocente siempre sale a la palestra la estúpida idea de "que unos quieren imponer a la fuerza sus convicciones". Claro, porque los que quieren hacer legal el asesinato de niños inocentes en el vientre de sus madres no lo imponen; simplemente lo legalizan.

Resulta realmente estrambótico el que, de repente, el hombre, que siempre ha aspirado a la inmortalidad, a vivir eternamente, a alargar la vida lo máximo posible, se esté encenagando en eliminarse a sí mismo. ¿No resulta un tanto contradictorio? Queremos vivir para siempre, pero estamos sumergiéndonos en una cultura de la muerte. Matamos niños antes de que puedan defenderse, a ancianos que ya no pueden hacerlo..., por supuesto, una actitud muy valiente.

Me pregunto en qué va a acabar todo ésto. Pero éstoy seguro de que, -aunque no les sirva a muchos de los nuevos asesinos-, el Último Día habrá muchos niños y ancianos señalando con el dedo a todos sus verdugos, delante de toda la Humanidad. Y en ese momento sí que habrá un Juez justo.
13 oct. 2008
Cuando estaba en el colegio y el profesor quería hacerme alguna pregunta o decirme algo, siempre me llamaba por mi primer apellido: Suárez, y recuerdo que no me gustaba nada. Pensaba que mis padres me habían puesto un nombre por algo, pero los profesores no parecían darle importancia.

Cuando llegué al instituto, mi primera encargada de curso, que nos daba inglés, hizo algo que me encantó; el primer día nos dijo: "poned un papel sobre vuestras mesas, grande y en pie, con vuestro nombre, para que pueda iros conociendo". Y yo escribí en grande: Juanma.

Desde entonces soy Juanma. Quiero decir que nadie volvió a llamarme por mi apellido. Mis nombres me recuerdan mis raíces: Juan es el nombre de mi padre, y Manuel era el de mi abuelo, que estoy seguro que me ve desde el cielo, enfadado conmigo porque toco la guitarra pero no he aprendido a tocar flamenco.

¿A qué viene ésto? Pues porque me produce cierta tristeza el entrar en El Corte Inglés, por ejemplo, y oír cómo compañeros de trabajo se llaman por los apellidos ¡¡¡y se tutean!!! En realidad no me entristece. Para ser sinceros, me repatea. Es como si no quisiéramos conocer a la gente. Se les llama por sus apellidos para no establecer vínculos más allá de lo estrictamente imprescindible. No me importa si la persona con la que trabajo ocho o nueve horas al día tiene problemas o es feliz o está cansado o tiene un mal día o... ¿cómo me va a preocupar éso? ¡¡¡Si ni siquiera me preocupa su nombre!!!

Desde mi época de instituto, siempre he "obligado" a la gente a que me llame por mi nombre y he tratado de saber el de la gente que me rodea (con lo nulo que soy para recordar nombres y caras). No podría trabajar en un sitio donde no eres más que un apellido incluso para tus propios compañeros. Es triste. ¿Tanto trabajo cuesta humanizar un poco nuestro alrededor y preocuparnos, al menos, de cómo se llaman las personas con las que compartimos una parte de nuestro día?
9 oct. 2008

No soy crítico musical, Dios me libre. Sólo escucho la música que me gusta; nada de modas ni de lo que marcan las discográficas (que deberían quebrar todas..., o casi). Escucho los grupos y los músicos que me caen bien, por lo general; algunos, simplemente porque me gusta oírlos, y otros por motivos un poco ajenos a la música que me callo porque pueden sonar ridículos aunque a mí me valgan...

A Carlos Goñi, ya lo he dicho alguna vez, le oigo porque me gusta su música, la entiendo; él me cae bien (no le conozco, pero..., ya me entendéis), y además me parece un tío honesto. Tengo todos sus discos, y éste último, 21 gramos, no iba a ser menos.

En principio no me gustaba el título del disco: estoy algo cansado de la manía tan mundana de querer medirlo todo. ¿A qué científico borracho o a qué mente pensante pasada de sustancias ilegales se le ocurriría semejante estupidez? "El alma humana pesa 21 gramos". ¡Venga ya!

Pero tengo que reconocer que Carlos Goñi le ha puesto poesía a la estupidez. Supongo que lo ha titulado así porque dice que es su disco más personal (claro que todos los músicos dicen lo mismo de sus últimas creaciones). Sí es cierto que las letras son más generales, más como un relato de cualquier escritor hispanoamericano, donde el objetivo se abre para poder ver más el paisaje y menos los detalles.

Últimamente, cuando mis artistas favoritos (léase Mark Knopfler y Carlos Goñi) dicen que sus trabajos son más personales, coinciden en que son trabajos más relajados. Más para escuchar tranquilamente, sentados frente a la ventana o como telón de fondo mientras hacemos otras cosas. Pero cuando se les presta atención, hay poesía.

En la canción que da título al disco, Carlos habla de sí mismo, desde el punto de vista de la lejanía, de los años; como haciendo un resumen de lo que ha vivido y de lo que le queda por vivir, con la experiencia del tiempo, por eso dice que si la vida se viste de largo y me invita a su fiesta, yo me parto la espalda por ella y por verla reír. Si mi alma se larga y me deja en la calle desierta, 21 gramos de más en el aire y de menos en mí.

Pero también en la misma canción es capaz de escribir esos versos románticos que sólo él sabe escribir, y además hacer alguna declaración de intenciones sobre su forma de ver las cosas; algo que hace en todos sus discos: No hay razones para no partirme el pecho por la mujer que me espera y que duerme junto a mí. No hay razones para borrar mis heridas, buenas, malas, pero mías, mientras que yo siga aquí. (Y la declaración de intenciones): Orgulloso de no repartir sonrisas, aunque vinieran mal dadas, a quien no me hizo reír; de disfrutar lo que tengo y no ahogarme con lamentos por aquello que perdí. Creo que todo se resume en estos versos.

Lo demás, un disco que se me hace corto cuando lo oigo; un disco sincero, como todos, con un rock pausado, mezclado con toques latinos, mexicanos sobre todo, y con el que disfruto desde el primer día.

Podría escribir mucho sobre cada canción de este disco, pero me quedo con el mensaje de una en concreto: Todos somos capitanes, que dice ésto: "Cuando no tenía claro a qué puerto dirigirme cualquier viento que soplara nunca era a mi favor. Cuando el mar se muestra en calma todos somos capitanes, pero cuando se agiganta nadie se agarra al timón." Lo dicho: "señor Goñi, para mis cortas entendederas, lo ha clavao".
6 oct. 2008
Sé que tengo pendiente una entrada con una Dama, pero hoy necesitaba escribir ésto. ¿Porqué? No lo sé. Y tampoco sé desde qué punto de vista enfocarlo, así que será un lo que salga..., cosa que, por lo general me gusta.

...y es que a los padres les debemos todo. Desde la vida, el don más preciado que nos regalan, hasta la forma en que nos cortamos las uñas de los pies. Y a veces no llegamos a entender esos berrinches que cogen con nosotros cuando no les hacemos caso, porque pensamos que quieren imponernos su forma de pensar. Y no entendemos que un padre nunca impone, porque las imposiciones con amor no son tales; son, simplemente, palos pintados de rojo en un camino nevado. Un camino que ellos ya han recorrido y conocen.

También, está claro, que su perspectiva puede ser distinta; que el punto de vista que usan puede diferir un poco del nuestro porque los momentos y las circunstancias son distintos. Pero el hombre lleva miles de años sobre la tierra, y su comportamiento, en líneas generales, sigue siendo el mismo; por éso, ¿porqué no escuchar a quien lleva más tiempo aquí que nosotros?

En fin. La verdad es que, tratándose de una entrada con el título de ésta, tendría que haber escrito algo con más poesía, con más luz..., pero ha salido ésto. Es simplemente un instante personal plasmado en unas pocas líneas. Prometo hacerlo mejor, y con más elegancia, la próxima vez.
1 oct. 2008
Y Ángela... Ángela también se me fue demasiado rápido... Pero tal vez no sea momento de recordar esa herida. No ahora, con esta claridad mortecina que apenas deja correr el aire. Ángela siempre fue como una luz; ella no pertenece a estas tinieblas, ni siquiera ahora.

Me pregunto si algún día dejará de llover. Si podré ver el sol de nuevo, antes de que me llegue la hora. Quizás pueda parecer un poco pesimista, pero a mi edad puedo permitirme ese lujo. Es curioso cómo se va difuminando el temor a la muerte conforme va llegando su tiempo...

Cuando se es niño casi no se le presta atención; para qué. Después, en la juventud, no se le quiere echar cuenta; es una sombra demasiado amenazante como para mirarla a los ojos. En la madurez llega el horror; la angustia del tiempo perdido y de la cercanía del final; la rapidez de los días se hace agobiante, y las noches apenas sirven para descansar porque se teme demasiado a esas sombras que la acompañan y a las que en la juventud se trata de ignorar. Pero luego llega la vejez; el paso cansino y la vida relajada, tranquila, sin sobresaltos. Y la muerte se acepta como un paso más; un ciclo que hay que cumplir para volver a comenzar después de haber aprendido lo que está bien y lo que está mal. O al menos eso es lo que yo creo. La muerte es un tema tan... frío.

Pero después ha de haber algo; algo que sea justo con lo que se ha vivido. Todo funciona así: lo bueno siempre tiene premio; lo malo, castigo. Así es en la vida. ¿Porqué ha de ser diferente en la muerte? Sería absurdo que muriese gente intentando ayudar a los demás y que tuvieran el mismo final que aquéllos que sólo han vivido para sí mismos, sus caprichos, sus egoísmos, su provecho. No. No sería justo. Por eso yo creo que hay algo más. Siempre he vivido con esa expectativa. Y me ha ido muy bien: he tenido amigos a montones, unos hijos fantásticos, una esposa que no merecía y que me hizo dichoso mientras estaba a mi lado, unos padres que me dieron todo lo que soy y lo que tengo... En realidad no puedo quejarme, pero creo que toda mi preocupación por los demás me da un poco de derecho a protestar por este tiempo asqueroso que me está torturando la salud y el ánimo.
*****

En fin, como decía Porky "ésto es todo, amigos". Reconozco que no es un relato muy optimista, pero sí que deja penetrar algo de luz por alguna rendija. Recuerdo que lo escribí hace muchos años, cuando en Sevilla se llevó algunos días lloviendo sin parar (bastantes, creo recordar). No es que yo me sintiera exactamente como el relato, pero algo sí. Me gustan los días de lluvia, pero no tan seguidos. También es verdad que hay retazos biográficos de mi familia desperdigados, pero no voy a decir cuáles son; permitidme que me los guarde para mí.

Tal vez algún día me siente a terminarlo, pero ahora mismo no me siento capaz: he perdido bastante práctica en esto de enfrentarme al folio en blanco. Pero tal vez lo intente..., algún día.
30 sept. 2008

Hacía tiempo que no tenía esta sensación de vacío, de cielo gris y encapotado que te deja el ánimo por los suelos y la mirada perdida en el infinito. Tal vez sea este resfriado que se me ha metido de rondón en la garganta y quiere colonizar el resto de mi cuerpo. El caso es que llevo toda la tarde encerrado en mi cuarto, sin ganas de hablar, ni escribir, ni oír nada.

Por suerte mañana será otro día. Espero que amanezca con otro sol.

... Y después de la guerra... sí; después de la guerra me enrolé en el cuerpo de Correos. Estuve varios años pateándome las calles de la ciudad. Pero eso era antes; cuando había sol. Ahora no hay nadie allí afuera, sólo charcos y algunos pájaros revoloteando para buscar un lugar que no se haya calado hasta los tuétanos.

Aquellos años en Correos sí fueron buenos. Comencé a darme cuenta de lo que era vivir realmente; comencé a sentirme útil, a hacer algo que me llenaba de orgullo y satisfacción... Aprendí lo que era llegar cansado a casa; la felicidad que dan el trabajo bien hecho y el descanso bien ganado.

Esos años en Correos fueron los que me permitieron conocerla. Ángela. Recuerdo que ella era universitaria; una de las pocas chicas universitarias que conocí. Era un poco estrafalaria, pero muy hermosa. Tenía el pelo castaño y los ojos marrones. Miraba desde dentro, desde ese sitio que no juzga a la gente. Ángela. Creo que ella será el último recuerdo que la muerte pueda robarme.

A menudo me pregunto porqué la vida se empeña en separarte de lo que más quieres tan de repente...

El último día que vi a mi madre con vida fue en una de nuestras visitas semanales. A los niños les encantaba ir a casa de los abuelos, y Ángela siempre hablaba con mi madre de cosas de mujeres. Mi madre... Se me hacen tan lejanos los días en que la llamaba mamá... De todo se pierde la costumbre; incluso de las cosas buenas. Al día siguiente una vecina llamó a casa para decirme que mi madre... mamá... había muerto. Se había despertado con un dolor muy fuerte en el pecho y, tras avisar a alguien, volvió a la cama. Nunca más se levantó. Cuando se pudieron dar cuenta ella estaba acostada, con los ojos cerrados, como si no hubiese pasado nada. Se fue igual que vivió: sin ruido, despacio, sin molestar a nadie, sin hacerse notar. Así fue mi madre.

Recuerdo que apenas lloré durante el funeral. Quise parecer fuerte, como ella me había enseñado. Pero luego no pude soportarlo. Cuando vi aquel ataúd descender hacia la sepultura, algo se rompió dentro de mí, y lloré. Lloré como nunca más he vuelto a hacerlo. Mi madre nunca volvería a besarme; nunca volvería a reflejarme en sus ojos, en esos ojos que la muerte había vidriado para siempre. Fue demasiado duro ver aquel descenso, lento, pausado... Supongo que hay que bajar un poco para ascender luego más alto. Sí. Mi madre debe tener un lugar privilegiado allí en el cielo. Debe tenerlo, como todas las madres. Y después..., bueno, después la vida te enseña a vivir con las cicatrices en el alma, y se te van olvidando los momentos amargos, y quedan sólo los recuerdos agradables, los momentos ... mágicos.
29 sept. 2008
Trabajar. Eso sí que lo recuerdo. Cómo no recordarlo. Me he pasado toda la vida trabajando.

Primero el parvulario, después la escuela, más tarde el ser aprendiz de carpintero, luego la guerra...; la maldita guerra que saca a todos de su sitio. Te arrancan de repente de tu mundo, sin ni siquiera preguntarte, y te arrojan a un sitio desconocido, rodeado de desconocidos que te dicen ser tus amigos y con los que disparas contra otros desconocidos que te han enseñado a odiar sin conocerlos. A veces somos tan... absurdos. Allí perdí muchos amigos. Pero lo peor eran todos esos cadáveres esparcidos por el suelo. Chicos que nadie se preocupaba de mirar. Seguramente alguien escribiría a sus familias diciendo que habían dado su vida por su país; pero es mentira. Siempre es mentira. Nadie da su vida por su país; es el país el que te mata: te manda a un lugar que ni siquiera te pertenece, te pone un fusil en la mano y alguien que te indica lo que debes hacer y hacia dónde debes disparar: eso es todo. Gracias al cielo no tenía hijos aún. Ni siquiera estaba casado; pero era joven, muy joven. Y mi país me robó ese tiempo que era mío para luchar por algo de lo que no era consciente. "La paz nacional", decían. Y la paz nacional era hacer la guerra. Enviar a los jóvenes al frente para que murieran defendiendo algo que tenían antes de que algún politicucho decidiera que había demasiados excedentes de munición en los arsenales.

Siempre es lo mismo. Y deciden parar la guerra cuando el número de muertos les parece lo suficientemente amplio como para no dejarles dormir toda la noche de un tirón. Y se sientan en una mesa, rodeados de agua y pasteles, y firman un documento que han tenido guardado durante meses, y mandan volver a las tropas. Pero las tropas cuando vuelven van dejando ese reguero de desesperanza y frustración que siembra la guerra por allí por donde pasa con sus pies de plomo, aplastando todo lo que pisa. Y las madres descubren que en el lugar de su hijo viaja una carta, alguien con rostro consternado y un catafalco adornado con la bandera del país. Y no hay más: un funeral militar..., y no hay más. El país les ha robado un hijo; el hijo que dieron a luz con dolor y sufrimiento; el hijo que han criado durante años para que fuera un hombre de provecho; el hijo que sirvió a su país regando con su sangre un campo, quizás el del enemigo. Maldita guerra y malditos políticos... Si se dedicaran a arreglar los problemas de la gente de la calle; si gobernaran desde un callejón en lugar de hacerlo desde un sillón acolchado y una gran mansión llena de guardaespaldas y servicio... Pero todos son lo mismo: unos vividores.
28 sept. 2008
Ser joven... Casi he olvidado lo que era ser joven. Siempre se está demasiado ocupado perdiendo el tiempo como para saber que se es joven. Al final, siempre, queda sólo el recuerdo de que, a veces, se ha tenido la impresión de ser joven; de estar siendo joven... Pero son sólo eso: impresiones. Impresiones demasiado superficiales como para vislumbrarlas en la realidad... Ser joven... Esta lluvia sólo me trae recuerdos grises de mi juventud; todos los disgustos que dí a mis padres - de los que apenas recuerdo su rostro a no ser por los cuadros que me vigilan desde la pared -; la chica de la que siempre estuve enamorado y de la que no volví a saber hasta que se hubo casado con uno de mis amigos de instituto al que dejé de ver; la gente que tanto parecía estimarme y de la que hace años que no sé nada... Recuerdos. Todo son recuerdos que se apilan en la memoria. Y esperan a salir cuando más daño hacen. Sí, sí, sí... Y sólo los escribo para torturarme, para desangrarme por dentro, pero, ¿qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer si la vida me tortura con los recuerdos y el cielo con esta lluvia?

Supongo que la vida trata de ésto: de estar examinando las propias acciones continuamente; pero creo que he empezado tarde. Ahora me doy cuenta de que he dejado muchas cosas por hacer, muchas cosas por decir, muchas cosas por intentar, muchas cosas por descubrir, muchas cosas... Demasiadas para el poco tiempo que ya tengo y el demasiado que ya he gastado. Y esta maldita lluvia...

Nadie me dijo nunca que la vida se consumía tan rápidamente.

Hace tiempo que estoy encerrado en casa, con este gris en el ambiente flotando por todos lados. Ni siquiera la luz fluorescente de la cocina hace más diurno este color mortecino. Cada vez estoy más cansado. Cada vez me cuesta más trabajo comenzar cada día con esta oscuridad. Cada mañana abro los ojos con la esperanza de que toda la lluvia se ha acabado; de que el cielo vuelve a ser como antes... Pero no es cierto; parece que Dios ha olvidado ponerle gas al sol.

Y eso no es lo peor; lo peor es que ya apenas recuerdo cómo era los días de sol. No recuerdo qué hacía; no recuerdo dónde iba; no recuerdo casi nada. Sólo tengo pequeñas imágenes de mi vida; pequeñas vivencias que me dicen que una vez hubo sol en esta ciudad oscura.

Me recuerdo en el parque, sentado frente al lago, dando de comer a los patos... Claro. ¿Qué más le queda por hacer a un viejo como yo? Hay un niño. Sí. Un niño que se me acerca y me pide que le deje echar migas al agua. Recuerdo su mano cogiendo el pan troceado: unas manos suaves, lisas, redondeadas, sin arrugas. Su roce me estremeció algo por dentro. Había olvidado lo que es que alguien te acaricie. Y sus ojos... Tenían ese brillo de la inocencia, de la candidez dulce que aún no se ha agriado con el tiempo. Esas ganas de vivir que sólo poseen los niños. Sus ojos...; sí. Sus ojos. Y esa sonrisa cuando los patos se acercaban a sus migas para comer... El cielo debe ser algo parecido a esa sonrisa, estoy seguro; Dios se querría rodear de sonrisas como la de ese crío. Y recuerdo que me habló. Me dijo algo que nunca podré olvidar mientras la memoria no me abandone. "Cuando sea mayor" me dijo, mirándome a los ojos, "quiero trabajar en lo mismo que usted: quiero echar de comer a los patos todos los días. Los cuidaré para que se hagan grandes y fuertes, y les enseñaré a volar para que no estén aquí cuando hace frío". Eso me dijo. Y me sonrió antes de seguir echándoles migas de pan.
26 sept. 2008
Últimamente he estado ojeando escritos de hace años. Escritos propios, relatos, cuentos cortos... casi todos inconclusos o muy..., digamos tétricos o truculentos. Recuerdo que las pocas personas que han leído algunos de mis relatos me decían "en todos tus cuentos siempre acaba muriendo alguien"..., y es cierto.

Yo, que soy una persona optimista por naturaleza, escribía relatos en los que apenas había luz y la muerte siempre ganaba o era la única salida. No eran todos así, pero sí la mayoría. Quiero pensar que, en el fondo escribía de esa forma porque todo tiene remedio, menos la muerte, y la muerte lo remedia todo.

De repente he encontrado algo de seis páginas, por supuesto, inconcluso, pero al leerlo me ha seguido gustando, cosa que no me pasa con la mayoría de los relatos antiguos que he escrito y que releo al cabo del tiempo. Ése es el motivo de que me haya decidido a ponerlo aquí, en trozos, por supuesto, porque sería muy largo de poner entero..., para que lo juzguéis, si os apetece... Lo pondré en otro color, para que se distinga...

Fuera sigue lloviendo, como hace ya casi tres semanas. Apenas se puede ver gente en la calle aunque, a decir verdad, llevo bastantes días sin mirar siquiera por la ventana. El hastío de este cielo gris y pesado me ha inundado el ánimo, y apenas me apetece acercarme a un cristal para mirar afuera. ¿Para qué? Nada va a cambiar ya en esta maldita rutina que me acerca a la muerte como un avión cayendo en picado se acerca al suelo.

El sol se está difuminando poco a poco en mi cerebro, como los recuerdos cercanos.

Este piso se me hace cada vez más... odioso... No puedo soportar el reflejo de mi sombra sobre el suelo y las paredes, siguiéndome a todas partes; rompiendo mi soledad... y mi silencio. No puedo soportar la mirada de los retratos y las fotos; los cuadros que me recuerdan que una vez fui joven..., y feliz. No puedo soportarlo.

...Y fuera sigue lloviendo, como si en la paleta de colores de Dios se hubiesen gastado el color cielo, y el color sol , y el color luna y estrellas...

Este maldito tiempo sólo empeora mis dolores y mi carácter. Si al menos dejase de llover...

Ya ni siquiera escribo para distraerme, como hacía cuando era joven. La fama me atraía como el azúcar a las abejas. Quería ganar concursos: el Planeta, el Nadal, el Cervantes, el Púlitzer, el Nóbel... ¡Bah! Tonterías de juventud. Al final todo se queda en meros sueños. Como los charcos que ahora inundan la calle... O tal vez sea el sol el que desaparece con la lluvia, como si el agua lo borrase del lienzo del cielo.

Ahora sólo escribo para torturarme; para descubrir que estoy solo; para gritarme que el tiempo me está aplastando la vida; para seguir hundiéndome, como la ciudad bajo esta maldita lluvia...
22 sept. 2008

Me he decidido, después de casi dos años de trabajar en esto de coger llamadas de gente con averías o problemas técnicos, a dar unas pinceladas desde el otro lado.

Partiendo de la base de que el que responde a la llamada no tiene la culpa de que su empresa pueda ser un desastre o le importen un bledo los clientes (a veces lo parece, realmente), hay que reconocer que en el momento de descolgar el teléfono es la cara o la voz de la empresa, y a menudo el único contacto del cliente con ésta.

Pero tengamos en cuenta algunas cosas:

1. El que responde a la llamada, por lo general, suele tener buen oído. O sea, no hace falta gritarle para que se entere de nuestro problema.

2. Por más razón que podamos tener para estar enfadados, o muy enfadados, o indignados, el insulto, por lo general, no suele ser la salida.

2b. El que recibe la llamada y nos escucha suele también ser una persona; una persona con sus problemas personales que trata de ayudar en la medida de sus posibilidades. Quiero decir con ésto que los insultos también le afectan. No por trabajar de teleoperador se dejan de tener sentimientos (también a veces lo parece, lo reconozco).

3. A menudo un teleoperador no tiene en su mesa de trabajo ni las llaves de las centrales de internet, ni las conexiones telefónicas, ni todos los kilómetros de cable que recorren España de cabo a rabo, con lo cual, por mucho que insistamos en que "me lo arreglen inmediatamente", un teleoperador no puede hacerlo (ya quisiéramos).

4. Siguiendo con los insultos, los gritos y el despotricar contra la empresa, el teleoperador no tiene poder para casi nada, pero sí es cierto que en su mano está el no hacer todo lo posible. ¿Qué quiero decir? Si yo cojo una llamada de alguien que me dice que soy un inútil, o que mi trabajo está mal hecho, o que no tengo ni idea de dónde me meto, o que "tengo contactos y os voy a meter un puro que se os va a caer el pelo" (cosa que a mí no me afecta, por cierto: la naturaleza ya se ha encargado de éso), puedo no dejar anotada la reclamación del cliente, simplemente porque no me ha tratado como a una persona. (Lo sé, no es lo correcto, pero tampoco tengo porqué aguantar que se me insulte gratuítamente).


5. En mi caso, una empresa que se dedica a internet, (esto es algo personal), por favor, si estoy tratando de ayudaros, no me vengáis diciendo que sois informáticos o que vuestro novio lo es. ¿Qué es lo primero que yo pienso? "¿Y no ha sido capaz de arreglarlo? Pues debería volver a estudiar". (Personalmente tengo algunas cosas contra los informáticos, pero no es el momento ni el lugar).

6. Si llamamos es porque necesitamos ayuda: dejémonos ayudar. A veces es complicado tratar de hacer indicaciones porque quien llama, o se adelanta a lo que vamos a decirle, o te dice que ya lo ha hecho por su cuenta y no piensa volver a repetir lo mismo porque él lo ha hecho bien. En principio, el que coge el teléfono suele tener algunas nociones más que quien llama (a veces no, pero sí por lo general).

7. Si llamamos enfadados hay que tener en cuenta que quien coge el teléfono puede optar por dos posturas: tratar de esperar a que nos calmemos y contemos lo que nos pasa, o colgar directamente. Si el cliente no tiene porqué aguantar que una empresa se lleve meses para arreglarle una avería, el teleoperador tampoco tiene porqué servir de saco de arena para que el cliente descargue su ira.

8. El miedo no sirve para nada: no porque le digamos al teleoperador "si esto no se arregla hoy cojo todos los datos que tengo y los llevo ante un juez", se va a solucionar el problema. Por cierto, ¿qué manía tiene todo el mundo en pedirle los datos al que coge el teléfono? Aparte de que no tenemos obligación de dar nuestros datos, a nadie le va a servir de nada ir a juicio con esos datos porque, en todo caso, la que responde debe ser la empresa, no el empleado. Y otra cosa: sin nuestra autorización expresa, no es legal decir "estoy grabando esta conversación".

Por el momento, así a bote pronto, no me vienen más cosas a la cabeza, pero supongo que habrá más. Tengo que reconocer que muchas veces, cuando un cliente llama enfadado, suele tener razón. Las empresas sólo se preocupan de hacer clientes, pero no de cuidarlos y mantenerlos. Pero un teleoperador no es el cauce para protestar. Hay organismos para ello.

A veces las empresas llevan a cabo prácticas casi mafiosas (aunque suene fuerte, tristemente es así) para agarrar a los clientes de forma que no tengan mucho margen de maniobrabilidad, pero siempre hay una salida. No creo que ninguna empresa vaya a llevar a juicio a un cliente porque deje de pagar los recibos mientras no se arregle su problema. Lo más que puede pasar es que unilateralmente rescinda el contrato (es una apreciación personal. No soy abogado).

Una última cosa: cuando cogemos el teléfono somos los primeros que queremos que el cliente solucione su problema. Si alguna vez nos coje el teléfono alguien que no está preparado, o que se pone nervioso y no sabe atinar, o que, a lo mejor, tiene un mal día y no nos ofrece la mejor atención, al menos concedámosle el beneficio de la duda. No sabéis lo que puede llegar a estresar y hundir el estar horas respondiendo llamadas con insultos, gritos, amenazas y demás tratando de mantener la educación al otro lado...
9 sept. 2008
La he leído ahora mismo. No la recordaba, pero ya es antigua. Por desgracia, de nuevo es actual. La pongo en grande, para que se pueda leer bien:

Si el aborto es medicina, el canibalismo es gastronomía
8 sept. 2008

Me encuentro en el autobús con una amiga y la veo sacar un libro del bolso. Curioseo sobre el título pero no consigo verlo, así que me intereso: es un libro sobre su signo del zodiaco para lo que queda de este año y el siguiente.
Me extraño porque es una mujer inteligente, con estudios y con bastante sentido común. Le pregunto con algo de sorna:

-Te aburres en el trabajo, ¿no?
Pero ella me contesta totalmente seria:
- No, lo he comprado porque quiero ver cómo va a ser mi año para animarme o terminar de deprimirme.
- ¿Tú crees en esas cosas? - le pregunto. Le da la vuelta al libro y me enseña en la contraportada la foto de una señora que, al parecer, es sicóloga, astróloga, y además trabaja con el padre Pilón, por lo visto un reconocido parapsicólogo, que además es sacerdote. Con esto me quiere decir que esa señora es totalmente fiable. Que tiene estudios de astrología y sicología, y que con eso ya puede predecir el futuro según los astros.

No puedo por menos que sonreír y decir: "pues ni idea de quiénes son estas personas, pero vamos, ¿no te salía más barato un tebeo para distraerte?"...

Entonces me pregunta por mi signo zodiacal, a lo que le contesto que soy Sagitario por el horóscopo "normal" y Rata por el horóscopo chino; una buena combinación, le digo: Sagitario, mitad hombre mitad caballo, en lo físico, y rata en lo económico... Y la conversación ha discurrido la mitad del trayecto del autobús en el que ella no leía el libro, entre sus lamentos por tener a Saturno y Plutón alineados en su quinta morada, y mis bromas con el contínuo cambio en la nomenclatura de Plutón y su designación o no como planeta de pleno derecho.

Lo siento, no creo en los horóscopos. Me niego a creer que una alineación de planetas, estrellas, galaxias o nube de mosquitos puedan hacernos ser de tal o cuál forma, o marcar nuestra existencia. Pero lo que me hace gracia de ésto es que la gente que cree en los horóscopos, a menudo, no cree en Dios. Es curioso que se mercantilice de tal forma la fe o la ciencia.

Porque en el tema de los horóscopos se quiere convertir a la ciencia en fe: lo dice la astrología, así que hay que creerlo (también habría que saber según qué manual de antiguos brujos o pitonisas o druidas se interpretan los signos astrológicos). Y por otro lado existe ese empeño estúpido del científico por querer explicar científicamente las cosas de la fe.

O sea, yo debo creer que soy apasionado, intelectual, honesto, sincero y simpático; que me caracterizo por mi optimismo, mi modestia y mi buen humor (bueno, digamos que, a grandes rasgos y con matices, es cierto, pero no es a lo que vamos) porque lo dicen los astros; pero, por supuesto, no puedo creer en la existencia de Dios porque, científicamente, no puede probarse.

Pues lo siento, pero no creo. No creo que mi futuro esté "escrito en las estrellas", ni que un planeta a millones de años luz de distancia pueda influir en mi futuro.

Por supuesto que ésto tiene una lectura más de fondo, para tal vez la haga otro día. Ahora se está alargando demasiado esta entrada.
4 sept. 2008
Esta tarde he podido ver de pasada un titular en un periódico que decía algo parecido a "Los médicos creen que la próxima resolución sobre La Muerte Digna podría desembocar en una eutanasia pasiva", poco más o menos. Si leéis periódicos (cosa que hace tiempo que no hago yo) sabréis de qué hablo.

Sólo voy a decir una cosa a este respecto: la única muerte digna que yo concibo es la muerte en paz con uno mismo, con los que le rodean y, sobre todo, con Dios. Todo lo que se salga de ésto no es más que palabrería, cantos de sirena y mentiras bien tejidas para convertir en algo humanitario lo que no es más que algo contra natura.

¡Ah, otra cosa! Cuando Garzón comience a desenterrar muertos y fantasmas, ¿nos contará la verdadera historia del abuelo de Zapatero? ¿O la cantidad de religiosos que fueron asesinados simplemente por serlo? ¿Nos va a contar realmente porqué comenzó la guerra civil? ¿Nos va a contar la verdadera historia del Frente Popular y sus "100 años de honradez"? Supongo que no conviene, ¿no?


Esta mañana he llegado con la hora justa al trabajo. Por si alguien no lo sabe, soy teleoperador desde hace casi dos años ya, y siempre suelo llegar un poco antes para firmar mi entrada en la "parrilla", sentarme y encender el ordenador para abrir todos los programas necesarios.

Pues esta mañana, decía, he llegado, como se suele decir, con el tiempo pegao ar culo. El tiempo justo para sentarme frente al ordenador, encenderlo y prepararme. Por lo general, cuando a alguien se le olvida firmar a la entrada, (o llega tarde y no puede hacerlo), siempre hay algún coordinador que se encarga de traerte la "parrilla" para que firmes, pero esta mañana, para mí, no ha sido así.

Como cada hora tengo un descanso de cinco minutos, al acabar mi primera hora de trabajo, fui a firmar. Al coger el papel preparado para tal efecto, de repente, veo que mi nombre no estaba allí. Me dirigí a una coordinadora que había cerca y se lo comuniqué. Lo primero que noté fue que me miró con cara de "¡anda quééééé...!" Lo siguiente fue acercarse a su ordenador y comprobar su base de datos. En ese lapso de tiempo tuve un flash, una inspiración, así que fui rápidamente a mi sitio y saqué de mi macuto mi horario del mes.

Efectivamente, lo que la coordinadora sospechaba era realidad: estaba en mi día de descanso. Cuando me acerqué de nuevo a ella, ya había comprobado lo mismo que yo en su ordenador, así que me dijo lo que antes sus ojos habían mostrado: "¡anda quééééé...!"

Por supuesto, antes de irme, ya había servido de mofa a una parte de mis compañeros, informados puntualmente por la coordinadora, que había decidido hacer pública mi metedura de pata. Eso sí, yo me defendí diciéndoles que les había librado de, al menos, tres broncas de clientes que me había tragado. Por supuesto, me lo agradecieron.

Así que aquí estoy: esta mañana le he regalado una hora a mi empresa. Qué le vamos a hacer. Para desagraviar, al volver a casa, me he enfundado mi ropa ciclista y he quemado calorías durante una horita. Y ahora, porque mañana también descanso, me siento, ya entrada la madrugada, delante del odenador para contaros ésto, que no todo va a ser serio y profundo.

26 ago. 2008
De repente un día, por la mañana, yendo a trabajar en autobús, pude ver en una de las pantallas (sí, en Sevilla algunos autobuses públicos de línea tienen pantallas con publicidad, noticias, consejos...), como de pasada, sólo un par de flashes que me extrañaron: Javier Fesser, Opus Dei.

Por supuesto, "investigué" de qué iba la cosa y descubrí que Fesser había rodado una película basada en la vida de Alexia González, una niña en proceso de beatificación, con bastante, parece ser, libertad para inventar (o lo que es lo mismo, mentir), novelar (o lo que es lo mismo, difamar) y, en definitiva, crear una historia falsa con la suficiente carga morbosa y polémica como para ganar mucho dinero. Ni qué decir tiene que la película será un cúmulo de falsedades y subjetividades vertidas con odio y cierta mala leche contra la Iglesia en general y el Opus Dei en particular. Estoy seguro.

Pero no tengo nada en contra del señor Fesser, porque encontré el motivo de su forma de ser en una frase suya: "Por suerte o por desgracia, yo no tengo fe. Ojalá tuviera tan claro cómo encontrar la felicidad en el propio dolor. A mí me parece tremendo, pero en el fondo es un chollo".

El señor Fesser tiene toda la razón del mundo: tener fe es un chollo.

Porque teniendo Fe podemos explicar todo lo que la ciencia es incapaz de explicarnos. La Fe nos dice que el dolor tiene sentido porque nos purifica. La Fe nos dice que la muerte no es más que una parada en un viaje de largo recorrido. La Fe nos ayuda a levantarnos cuando el mundo nos golpea y nos derrumba. La Fe nos hace ser alegres y optimistas porque nos dice que todo tiene un sentido, que todo nos eleva, que todo nos libera de las cadenas del mundo, si lo empleamos sabiamente...

La Fe, en definitiva, señor Fesser, nos llena de sentido cada momento, cada pequeño o gran sacrificio que hacemos, cada alegría, cada tristeza, cada dolor, cada esfuerzo... Una vida sin Fe, señor Fesser, como le pasa a la suya, tiene muchos huecos que no somos capaces de rellenar, de ahí sus miedos, sus odios, sus fantasmas...

La Fe es un don, un regalo. Tendríamos que dar gracias siempre por haberlo recibido, y rezar por los que no lo tienen o lo han perdido en algún recoveco del camino. Señor Fesser, rezaremos por la suya.
13 ago. 2008
Me gusta compartir las cosas que me agradan, así que, para "cerrar", por ahora, el capítulo de Mark, que ayer cumplió años, os dejo con un par de canciones más del concierto de la anterior entrada.

La primera es Money For Nothing, cuyo vídeo clip fue el primero que se emitió cuando comenzó la cadena MTV. Es una canción crítica con la industria musical, las estrellas creadas para vender discos, y la música prefabricada. En 1996 Mark Knopfler sacó su primer disco en solitario después de los Dire Straits, y en una entrevista confesó: "Odio la música actual". Se puede decir más alto, pero no más claro.

A lo que vamos, el principio de este vídeo es el final del Brothers In Arms (la canción de la entrada anterior), o sea, la gente en pie aplaudiendo el tema. Lo siguiente es Mark Knopfler presentando a unos colegas; nadie importante. Unos musiquillos: Eric Clapton y Sting. A la batería, otro músico de poca monta: Phil Collins.

¿Habéis visto alguna vez a los músicos de una orquesta pasarlo bien? Aquí lo tenéis. Aparte del súper grupo divirtiéndose sobre el escenario. Lo dicho, subid el volumen y disfrutad.

El segundo vídeo que os quiero "regalar" es otro tema del mismo concierto. Esta vez es un clásico de Eric Clapton: Layla. Él canta y Mark le acompaña a la guitarra. Es increíble lo que pueden hacer dos músicos de verdad, pasándolo bien y en perfecta armonía, sobre un escenario. Ellos dos se encargan de llenarlo, sentados, tranquilamente. Nada más.


Sé que no son canciones ni interpretaciones representativas de lo que son Mark Knopfler y su música, pero no están nada mal, ¿no? Como se suele decir, como muestra, un botón.

11 ago. 2008

Uno de mis héroes musicales de siempre (desde que oigo música de verdad, al menos).

Mark Knopfler, el foráneo, y Carlos Goñi, el nacional (del que hablaré en otra entrada), tienen para mí una cosa en común: son honestos.

Seguramente si pudiésemos discutir de cosas serias, me da en la nariz que tendríamos puntos de vista muy opuestos (o no, nunca se sabe), pero de ellos me interesa su faceta como músicos, y ambos hacen lo que les gusta, sin importarles el mercado ni lo que opinen los críticos (que por lo general, los entendidos los tratan bien; al menos los respetan, que ya es mucho en el mundo de la música actual), y dan de sí lo mejor que tienen.

Además son personas accesibles. De Mark Knopfler sólo un dato: a él no le importa en absoluto que sus fans graben sus conciertos en mp3 o en vídeo (de hecho así lo dice en su página web oficial. Eso sí, con la condición de que no sea una molestia para la gente que está viendo el concierto). Un ejemplo: en la presentación de su último disco en Madrid, en un mini concierto, hizo que los vigilantes de seguridad de la primera fila se fuesen porque no permitían a la gente del público que grabasen con sus cámaras de vídeo. Literalmente les pididó que se marcharan.

Mark Knopfler tiene una sensibilidad especial a la hora de escribir canciones. Sus letras están llenas de imágenes, metáforas, cotidianeidad... Está claro que su fuerte no es su voz. Él siempre ha dicho de Eric Clapton que envidia su faceta vocal.

Un amigo músico una vez me dijo que Mark habla con la guitarra. También me dijo que, hablando de Mark Knopfler, nunca podría ser objetivo. En ambos casos tenía razón. Aparte de todo, la mejor canción sobre las guerras que he oido nunca hasta ahora es de Mark Knopfler: Brothers In Arms. Aquí teneis una versión en directo, con orquesta incluida. Para los seguidores del de Glasgow, una de las mejores interpretaciones de este tema en directo de toda su carrera. A mí me sigue poniendo los pelos de punta.


Mañana más. Dadle volumen a los altavoces y disfrutad.

10 ago. 2008
La Braulia es sensual, de curvas sinuosas y suaves. Cuando la acaricio ella entona melodías que me relajan, o me levantan el ánimo, o me ayudan a llorar. Siempre está cuando la necesito y nunca pide nada a cambio. Lleva conmigo tantos años que ni siquiera recuerdo cuándo estuvimos juntos por primera vez, pero sí estoy totalmente seguro de que me ha visto crecer. Ella también va teniendo ya las cicatrices del tiempo marcadas en su cuerpo, pero sigue siendo tan brillante y sensual como cuando era más joven. Esta es la Braulia:

Sí. La Braulia es mi guitarra española. Con ella empecé a tocar la guitarra. La primera canción que aprendí recuerdo que fue el Let It Be de los Beatles, y después So Far Away, por supuesto de los Dire Straits. Fue un regalo de Reyes de mi padre. Yo tenía una guitarra vieja, rota, con el cuerpo cosido a base de papel de pegar de ese que asemeja a madera, porque alguien la dejó caer o la pisó por accidente. Y con catorce o quince años, creo, mi padre me regaló la Braulia.

¿Porqué se llama Braulia? Pues si Raimundo Amador tiene a Gerundina y el gran B.B. King tiene a Lucille, mi amigo Santi, que también toca la guitarra, pensó que la mía se podría llamar Braulia, igual que la suya se llama Jerónima. Fue una tarde de bromas, pero se le quedó. Y desde entonces no hablo de mi guitarra española, sino de La Braulia.

Ahora la tengo algo abandonada porque hace un par de años llegó a mi vida la Sharini, pero, como diría Michael Ende, esa es otra historia que será contada en otro momento. Sin embargo, a veces la cojo y le digo, "Braulia, vamos a hacer que te dé un poco el aire, ¿vale?" Y hablamos un rato. Me llevo bien con ella porque no es celosa. Sabe que es la primera y que siempre estará presente en mi vida. Además, la Braulia tiene un adorno que no tiene ninguna otra. Una marca que la hace más especial: está firmada por Carlos Goñi, mi músico español favorito. Éso la hace irrepetible. Éso y el montón de sentimientos míos que guarda en su inmeso corazón de madera; tan infinito casi como la música.

7 ago. 2008
Siempre que me preguntan cuál es mi película favorita, inmediatamente, me vienen cuatro a la cabeza, sin pensarlo: La Fiera De Mi Niña, Arsénico Por Compasión, Tomates Verdes Fritos y Cantando Bajo La Lluvia. Anoche volví a ver la última.

Todo el mundo tiene en mente la imagen de Gene Kelly agarrado a la farola mientras llueve a cántaros y él se dedica a cantar y bailar bajo la lluvia, pero justo antes de empezar esa escena hay un pequeño diálogo que a mí me encanta y que me parece que resume todo el espíritu de la película:

"- Esta lluvia de California es hoy más copiosa que de costumbre - le dice Kathy Selden a Don Lockwood mientras se despiden en el portal de ella.
- ¿De veras? Para mí todo es luminoso y el sol brilla por todas partes."

...y la siguiente escena es Historia del Cine, así, con mayúsculas.

Es ese espíritu positivo de la película el que me lleva a ella una y otra vez. Ese guión fresco, con chispa, de conversaciones y respuestas ocurrentes...

Kathy Selden (Debbie Reynolds) comienza un número musical saliendo de una tarta (por cierto, genial esa versión de All I Do Is Dream Of You). Lockwood (Gene Kelly) espera a que termine el número y la espera junto a la tarta:
- Ahora que ya sé dónde vive, me gustaría acompañarla a casa...

Por supuesto, la mejor declaración de amor que jamás se haya hecho también está dentro de esta película, cuando Gene Kelly entra junto a Debbie Reynolds en un plató de rodaje aparentemente vacío y lo convierte, la magia del cine, en un jardín a la luz de la luna. Entonces le canta You Were Meant For Me...

Al final de la película siempre acabas con una sonrisa, con el ánimo recuperado y ganas de que llueva para bailar en la calle. Las tormentas nunca vuelven a ser iguales después de Cantando Bajo La Lluvia, os lo aseguro.
Llevo algunas semanas sin pasar por aquí. He seguido "en activo", pero por otros sitios. Sólo aparco un poco el correr de mi tiempo para decir que mañana volveré a este rincón. He pensado que en verano apetece escribir de temas fresquitos, sobre todo ahora que el calor reblandece hasta las piedras de la Giralda. Escribiré algunas entradas sobre mi cine, mi música, mis guitarras (se lo debo a una amiga Zahorí)... en fin, lo que se me vaya ocurriendo.

Pero eso será mañana. Hoy es tarde y, a pesar de estar de vacaciones, hay que levantarse temprano, porque si no el cuerpo se mal acostumbra, y uno ya es lo suficientemente perezoso como para que encima le siga el juego al cuerpo...
23 jul. 2008
No me gusta hablar de fútbol (y menos discutir), porque me parece patético discutir por unos señores que ganan una pasta y que entienden la solidaridad haciendo que nosotros soltemos dinero mientras ellos juegan al fútbol "de forma desinteresada" en partidos benéficos. ¿No sería más fácil, rápido y efectivo que diesen su sueldo de un par de meses en lugar de convocar partidos?


Pero es que es algo superior a mí. Me supera. No puedo dejarlo pasar. Lo siento. De repente, viendo las noticias deportivas, me encuentro a Guti en rueda de prensa mientras los periodistas deportivos madrileños le preparan su "oposición" a la selección española para el Mundial.


¿Cuál fue la primera pregunta de los periodistas deportivos madrileños a Vicente del Bosque? Por supuesto: si convocará a Raúl. ¿Es que no hay más jugadores en España? ¿Es que no se han dado cuenta de que la selección española sin Raúl, Guti y Míchel Salgado (porque él será el siguiente, y si no, al tiempo) es más equipo, más selección?


Pues nada, por... "potencias" Raúl tiene que volver a la selección y Guti se lo merece más que cualquier otro jugador de la liga. Porque no lo olvidemos, Luis Aragonés tenía su propia personalidad y nunca se ha dejado manipular por los periodistas. Es más, les ha plantado cara. Pero ahora, Vicente del Bosque...


Espero equivocarme y no volver a ver a Raúl con la elástica española. Lo siento. Siempre he admirado a Raúl; su entrega, su lucha, su trabajo..., pero hay más España fuera de Madrid y del Real Madrid y el Atlético de Madrid. Aunque los periodistas deportivos no se lo crean.


***

¡¡¡Y CARLOS SASTRE DE AMARILLO EN EL TOUR DESPUÉS DE GANAR ALPE D'HUEZ!!!

16 jul. 2008

Qué estúpida manía el querer compararnos con los chimpancés, por favor. Claro que todos somos animales, pero ¿alguien se ha planteado cuál es la raíz de la palabra animal?

El ánima es lo que nos diferencia a unos animales de otros. Y las cualidades del alma humana se diferencian en muchísimo de la de cualquier chimpancé por más que se parezca a nuestro tío del pueblo.

¿Alguien ha visto a un chimpancé escribir un poema o crear arte? "Pues la mona Chita pinta cuadros...", podría decir alguien. Y yo le contestaría: "¿y nadie se ha planteado que si a lo que hace la mona Chita se le llama arte no es por mérito de ella sino más bien por demérito de los artistas?"

...y hasta aquí puedo escribir, por ahora.

10 jul. 2008
Tengo que reconocer que en esto de los blogs (¿no hay una palabra en español para ésto? Y si la hay, ¿alguien podría decírmela?) soy bastante novato, a pesar de llevar buceando en esto de internet bastantes años. ¿A qué me refiero? Pues que tengo el impulso de contestar a todos y cada uno de los comentarios que recibo (por cierto, gracias a todos. Aunque por ahora son pocos, pero irán aumentando, seguro... espero, jejeje). Si tuviera tiempo y una buena conexión a internet, seguro que ésto se convertiría más bien en una sala de charla.

Pero bueno, espero ir cogiendo práctica poco a poco, con el tiempo. Mientras lo hago, perdonadme que no responda la mayoría de los comentarios o si alguna vez parece que dejo esto abandonado. Ya lo he icho en algún sitio: soy un poco desastre para estas cosas, pero prometo tratar de hacerlo mejor..., en la medida en que pueda y sepa.

En fin, como digo en mi web siempre en la primera página (sí, otra cosa en la que mi espíritu inquieto e inconstante se esparce con el consiguiente "el que mucho abarca...") , SED FELICES. Seguimos en contacto.
5 jul. 2008

...al menos éso es lo que quiero pensar: que ZP no sabe lo que está haciendo al defender lo que llama "muerte digna": vamos, hablando claramente, el suicidio o, en su defecto, el asesinato por parte de médicos (gente que ha JURADO velar por la vida) de gente desvalida.

Porque si ZP sabe lo que está haciendo, o no tiene conciencia, o quiere convertirse en el mayor genocida de la historia de España; porque estamos hablando de matar a gente. Pero claro, si ya lo hacemos con niños, ¿porqué no con ancianos, enfermos o gente que estorbe?

Una muerte digna, dicen: ¿hay alguna dignidad en dejarse morir sin luchar? En esta sociedad en la que no nos importa pasar meses de hambre, metidos en un gimnasio sudando a chorros y machacándonos el cuerpo, o someternos a operaciones para mejorar la imagen, es demasiado sacrificado "soportar" a un familiar enfermo, o terminal. Es demasiado tener que estar pendientes de alguien que está en cama y no puede valerse por sí mismo. En muchos casos alguien que, pobre de él, nos ha podido dar la vida, pero que en sus últimos años, nos estorba para disfrutar de nuestro tiempo.

¿Qué pretendemos, señor Zapatero? ¿Una sociedad como la que querían los nazis? Todos sanos, todos jóvenes, todos guapos, todos inteligentes... Sobran los viejos porque no producen, sobran los enfermos porque no nos dejan disfrutar, sobran los niños porque son una carga...

¿Y si proponemos, señor Zapatero, a los 60 o a los 65, cuando hay que jubilarse, que el Estado nos sufrague el suicidio? A los niños con síndrome de Down, que la Seguridad Social recete un veneno en las primeras papillas, para que mueran felices (total, los matamos antes de nacer, ¿porqué no deshacernos también de los que ya han nacido?). Los enfermos de Parkinson, los metemos en autobuses y los despeñamos por acantilados, antes de que la enfermedad les lleve a su máxima degeneración. O mejor, unas pruebas de ADN a los recién nacidos: todos los que lleven en sus genes alguna enfermedad degenerativa, los metemos en hornos crematorios y con lo que quede de ellos, fabricamos esmaltes de uñas, pintalabios y cremas rejuvenecedoras... (ah, no. Éso creo que ya se hace, ¿no?)

¿Qué dignidad hay en la muerte cuando es la sociedad (o en su defecto un Estado enfermo y descerebrado) la que dicta quién tiene derecho a vivir? ¿Quién le ha dicho, señor Zapatero, que el Estado debe velar por la muerte de sus ciudadanos? ¿Qué estado del bienestar pregona usted cuando está creando una cultura de la muerte?

La doctora Sylvie Menard, conocida defensora de la eutanasia en Italia, tras detectársele un tumor incurable en la médula, cambió de actitud. Ahora afirma, desde la experiencia de su propia vida que "la depresión ante una enfermedad grave es algo que, en mayor o menor medida todos los enfermos experimentan antes o después. Darles una hoja mediante la cual autorizan al médico a que les quite de en medio, es como dar un empujón al primero que te encuentres asomado a un puente, en lugar de agarrarle para que no se precipite".

Es más, yo añadiría: ¿qué tipo de conciencia médica tiene el médico que le da a un enfermo una hoja para que firme que pueden matarlo? La doctora afirma que "nadie en su sano juicio quiere morirse. El deseo de morir es contrario a la naturaleza humana".

Voy a acabar, por ahora, con más palabras de la doctora Sylvie Menard a la que su larga experiencia tratando a enfermos terminales (38 años trabajando en Oncología Experimental del Instituto de Tumores de Milán) le ha enseñado que la prioridad para la inmensa mayoría no es desear la muerte, sino sentirse protegidos ante el dolor. Por eso, "si un paciente me pide la muerte, significa que yo no he cumplido con mi deber como médica".

1 jul. 2008
...de repente, viendo los reportajes de las celebraciones por el triunfo de la selección española, se me ha venido a la cabeza una frase, como un flash:

"Lo que el fútbol ha unido, que no lo separe ZP."
29 jun. 2008
No sé si os lo habéis planteado, pero mañana, a estas horas, tal vez seamos campeones de Europa de fútbol..., o subcampeones.

No sé si os habéis dado cuenta de la facilidad con la que nos ilusionamos los humanos. Resulta que hay once tíos en pantalón corto, ganando un dineral que el 99% de nosotros no vamos a ver ni trabajando dos vidas que tuviéramos, que son capaces, con sólo meter una pelotita en una red (o meterla una vez más que el contrario), de alegrarnos el día.

Pero si esos mismos once tíos, que ganando lo que ganan dicen que necesitan ganar más porque su "vida laboral" es corta, dejan que el contrario les meta la pelotita una vez más que ellos en su red, nos dan la noche.

¿Qué quiero decir con ésto? Que nos conformamos con bastante poco. Que estamos ansiosos de que España gane el europeo, de ver a Íker (porque ya no es Casillas, ya es Íker) levantar esa copa plateada a la vista de toda Europa, de ver a los jugadores españoles llorando de alegría sobre el césped como los niños que aún son, de salir con los amigos a ponernos nerviosos durante 90 ó 120 ó 130 minutos... Estamos ansiosos de vivir esa experiencia que podremos contar a nuestros nietos...

...pero, ¿y luego, qué? El lunes volveremos al trabajo, la rutina, el día a día, los atascos, las colas para comprar el pan, el calor a la hora de planchar... Sí, campeones de Europa, ¿y qué?

¿Y a qué viene todo ésto? Pues a lo que decía al principio. Somos fáciles de contentar. Nos conformamos con meras sombras de felicidad. Con una felicidad superflua. Con una felicidad de pega que dura lo que dura el momento. ¿Nos daremos algún día cuenta de que hay una Felicidad de verdad? ¿Una Felicidad con mayúsculas? O mejor dicho, ¿querremos darnos cuenta de que lo sabemos y de que la dejamos escapar porque no somos lo suficientemente valientes, o generosos, o humildes, o sinceros, o...?

Eso sí, la felicidad de ver a España campeona de Europa no nos la va a quitar nadie. El ver cómo les marcamos dos goles a los alemanes, el ver cómo Luis Aragonés desaparece para dejar el protagonismo a los jugadores (qué grande ése gesto de los entrenadores), el ver cómo (lo siento, tengo que decirlo) NADIE se ha acordado de Raúl, el ver a Íker levantar la copa... Esa felicidad es sana, sobre todo porque la compartimos con mucha más gente. Y éso es lo más importante de "cualquier" felicidad.
25 jun. 2008
Hace bastante tiempo alguien me contó una historia sobre una mujer mayor que se me quedó grabada a fuego.

Contaban que aquella señora nunca hablaba mal de nadie. Era capaz de ver sólo sus virtudes hasta al más ruin de los humanos. En la ciudad había un hombre al que todos temían y odiaban a la vez. Un hombre sin escrúpulos, mezquino, avaro, que no dudaba en destruír a cualquiera para su propio beneficio. Sin familia, sin amigos, nadie parecía albergar un mínimo buen sentimiento hacia él. Vivía solo. Cuando murió todos respiraron, nadie le lloró. Eran conscientes de que la mayoría de sus problemas desaparecían con él.

Cuando fueron a dar la noticia a aquella señora, sabían que ni siquiera ella sería capaz de ver algo bueno en la vida de aquel hombre. Pero cuando se lo dijeron, ella exclamó: "Es una pena. Pasaba todas las mañanas por debajo de mi ventana de camino hacia su despacho, paseando. ¡Y silbaba tan bien...!"
23 jun. 2008
En un principio este blog no iba a existir, pero me apetecía tener un sitio donde explicar mis puntos de vista sobre temas serios, temas que me preocupan o, simplemente, temas de los que quiero decir lo que opino. Supongo que habrá algunas cosas en las que no estemos de acuerdo, otras en las que lo estemos, y algunas en las que, sin más, no queramos estarlo. Pero este sigue siendo un país libre, aunque algunos se empeñen en luchar para que deje de serlo poco a poco.

En fin, estaré por aquí.