19 oct. 2010
Lo he decidido: me encantan los linces ibéricos, así que creo que voy a comprar uno para traérmelo a casa.

Es en serio. Aquí no le faltará de nada. Tengo una terraza de unos cien metros cuadrados donde podrá corretear a su antojo; le daré cariño, mucho cariño. Le daré de comer las comidas y los piensos más caros si hace falta...

De vez en cuando, también, lo llevaré a pasear al monte, para que, tal vez, pueda relacionarse con otros linces durante un rato; aunque supongo que siempre querrá volver conmigo a casa, porque aquí lo trataré a cuerpo de rey. Estoy seguro de que vivirá mejor que en el monte y, por supuesto, mucho mejor que en un zoo.

Lo educaré para que sea dulce, cariñoso, para que ronrronee cuando le acaricien, para que juegue con los niños y roce suavemente a las señoras mayores. Será el gato perfecto; el gato que todos querrán tener. Y será mi lince, porque yo le querré como a uno más de mi familia.

Claro que estoy seguro de que alguna asociación defensora de los animales pondrá alguna pega. Me dirá que no es el entorno adecuado para un animal que vive en el monte, salvaje. Me dirá que, por mucho que yo lo eduque, por muchas comodidades que le dé, no tengo derecho a sacar a un animal salvaje de su hábitat natural, por mucho cariño que yo sea capaz de darle. Que están seguros de que en mi casa estará mejor que en cualquier zoo, pero que éso no es excusa, porque un lince no es un animal de compañía...

Y tal vez tengan razón. Pero yo seguiré esudándome en que le daré muchísimo cariño.

Es una lástima que no se empleen los mismos argumentos para las adopciones de niños por parte de parejas gays.
15 oct. 2010
Se abrió la puerta de la consulta de pequeñas cirugías y salió una mujer de mediana edad con el dedo gordo del pie vendado aparatosamente y una mancha de sangre bastante visible. Fuera le esperaban, por lo que pude deducir, su madre y su marido.

- ¿Qué ha pasao? Todavía tienes sangre... - fue la pregunta de la madre, a lo que ella contestó:

- Sí, dice que sangrará un poco todavía, pero ya está bien. Me ha dicho que el trozo lo puedo echar al puchero, el simpático - y se reía.

La madre y el marido se levantaron, cogieron su bolso y se marcharon los tres, ella con cara de dolor, pero sonriente.

- Claro. Las pezuñas del cochinillo dicen están muy bien en el puchero - habló el marido. La madre rió la gracia, ella también, pero se ve que sintió la necesidad de "defenderse"...

- ¡Oye, cabezón, vamos a ver...!

Y se fueron los tres, riendo, ella coja, el marido con el bolso en los brazos y la madre cerca de su hija.

¿Por qué cuento ésto? A veces me gusta ver estos detalles en las parejas. Esas bromas como de quinceañero descubriendo un amor juvenil. Pero sobre todo me encanta verlo en personas ya maduras, porque nos hablan de cariño y de respeto. De ese cariño y ese respeto que se va haciendo grande y profundo conforme pasan los años junto a otra persona que sabemos que nos completa y que nos hace mejores. Y con la que está cayendo nos demuestra que hay más gente buena de la que quieren hacernos creer. De cosas serias hablaré otro día, pero hoy me apetecía contar algo luminoso.
5 oct. 2010
Desde hace mucho tiempo he perdido la confianza en los grandes premios del mundo; quiero decir esos premios con tanto renombre y tanta fama: los Planeta, Príncipe de Asturias, Nobel... ¿Por qué? Simplemente porque dejé de fiarme de los jurados que los otorgan.

Ahora me encuentro con algo que corrobora lo que digo: le otorgan el Premio Nobel de ¡¡¡medicina!!! al "inventor" de la fecundación in-vitro.

¿Hay alguien que me pueda explicar qué tipo de medicina es ésa? ¿O es que vamos a llamar medicina a algo que se hace con una bata? Porque la disección de cerdos en las matanzas también se practica con batas. ¿Lo llamamos medicina?

¿Qué quiero decir con todo ésto? Que el jurado de los premios Nobel ha patinado a base de bien. Porque, que yo sepa, siendo como soy un triste analfabeto en el tema, la fecundación in-vitro no sana personas. No cura ninguna enfermedad, no avanza la medicina un paso más allá en investigaciones que busquen la mejora de la calidad de vida de las personas, no descubre ningún posible remedio contra algún mal del ser humano... Tal vez sea un avance científico..., si queremos llamar avance al hecho de jugar con millones de embriones a elegir los más aptos (cosa que me recuerda bastante a algunos hechos históricos de reciente pasado que todo el mundo condena) para su desarrollo o su aniquilación... Éso es lo que los señores del Nobel llaman medicina.

¿Qué será lo siguiente? ¿Dar el Nobel de la Paz a Bin Laden por conseguir que el mundo entero se una para odiarle? ¿O darle el Nobel de Química al inventor del Quimicefa? La verdad es que no me extraña nada en una sociedad que empieza a considerar medicina al asesinato de niños inocentes en los vientres de sus madres. Pero vamos mal, muy mal, por este camino.