Un padre

No soy muy dado a poner vídeos, pero éste es emocionante. Un atleta, una lesión, la carrera de su vida... y un padre. No hay nada que comentar...

...y no me da la gana

Para los tres amigos que entran por aquí, tal vez vean que he activado la "verificación de palabra" para los comentarios. ¿El motivo? Pues porque esta mañana he visto que una maquinita (quiero creer que ha sido una maquinita) ha mandado un comentario con publicidad sobre una página que vendía unas "pastillitas azules"... ¡¡y no me da la gana!!

Simplemente quería que lo supiérais.

Elucubraciones (¿radical?)

A veces me levanto algo "radical", con ideas tal vez algo exageradas, pero para mí tienen lógica. ¿La tienen? Pues no lo sé, pero ahí están...

Pensaba que si en la declaración de la renta nos hacen poner una equis en la casilla de la Iglesia Católica para destinarle una parte de nuestros impuestos o no, ¿por qué no ponen otra equis preguntándonos si queremos que otra parte de nuestros impuestos se destine a asesinar niños?

Porque con mi dinero, en España, se asesinan niños en los hospitales sin que nadie diga nada. ¿Por qué nos hacen cómplices de asesinato a quienes estamos en contra? Supongo que no conviene saber cuánto cobarde hay en este país, ni cuántas personas dejarían sin marcar la casilla.

combinar

Nunca me he creído mucho eso de "el lado femenino" en el hombre y el contrario masculino en la mujer. Más bien me inclino a pensar en algo que se llama sensibilidad, que algunos tienen desarrolada más que otros; cuestión de educación, supongo.

No quiero decir con ésto que la sensibilidad masculina sea igual que la femenina; nunca he creído en la igualdad (y que Bibiana y el Estado me perdonen). Más bien en la complementariedad.

Nunca me he preocupado demasiado en ir a la moda, porque tampoco entiendo nada de ella (y cada vez creo más que los que la "dirigen" tampoco saben de qué hablan). Cuando me visto trato de hacerlo de forma sensata, combinando los colores según mi propio criterio de "parece que pegan"...

Sin embargo, mi madre confía en mi criterio combinatorio desde hace bastantes años. Ella, que me conoce desde que nací y sabe todas mis limitaciones mejor incluso que yo mismo, cada vez que tiene que preparar una maleta con su ropa para varios días, recurre a mi criterio para saber qué llevarse, qué chaleco combina con tal o cual falda, de qué color debería ser la camisa que podría quedar mejor con esta falda en concreto... Y no entiendo cómo se fía de mí, pero lo hace.

¿Por qué digo todo ésto? Por que, fundamentalmente, si alguien ve que mi madre combina mal los colores, que sepa que es sólo por amor. Amor y confianza. Ya se sabe que el amor y la confianza de las madres hacia los hijos son ciegos. En el caso de mi madre, también son arriesgados.

Respeto


Antes de nada pondré las bases de esta entrada:

1. El carril bici en Sevilla es una buena idea. La temperatura es ideal para usarlo durante casi todo el año.

2. Personalmente considero que una bicicleta es un medio de transporte.

3. No sé si en otras ciudades, pero en Sevilla, alguna mente pensante ha tenido la genial idea de poner el carril bici en las aceras, a la misma altura que los peatones.

4. Si una bici es un medio de transporte, ¿por qué no se les hace un carril a la misma altura que los demás vehículos en lugar de por donde van los peatones?

5. En Sevilla, por desgracia, hay zonas en las que, para los peatones, sólo existe el carril bici, o sea, que no hay acera o el lugar para ella es simplemente albero, agujeros y piedras.

Esta mañana, en uno de estos lugares, he contemplado la escena que quiero describir: dos ancianos caminando por el centro del carril bici, tranquilamente. De repente un ciclista que se acercaba por detrás les avisaba de su llegada con el timbre de su vehículo. Los ancianos, lentamente, se apartaron ocupando sólo uno de los dos carriles. El ciclista (al que no pondré un calificativo por no parecer igual de maleducado que él) llega a la altura de los dos ancianos y se pone a sus espaldas, haciendo sonar insistentemente su timbre. Por supuesto, los ancianos continúan por el carril después de haber dejado totalmente libre el otro. Es cierto que caminaban por el carril de la dirección del ciclista, pero...

El "señor" de la bicicleta estuvo unos quince segundos detrás de los ancianos, espetándoles a que abandonaran el carril con su timbre. Cando vio que no tenía nada que hacer, pasó por la izquierda a los dos, se puso a su altura y les dijo algo que no oí (aún estaba algo lejos), los adelantó por el carril contrario, y siguió su camino... supongo que jurando en hebreo o acordándose de algún que otro familiar de aquellas personas...

Y digo yo, este ciclista, ¿necesitaba todo el ancho del carril para pasar? ¿Tan celoso estaba de cumplir las normas de circulación "bicicletera" que no quería invadir el carril contrario para adelantar sin ningún problema a aquellas dos personas que, por desgracia, iban por el único sitio por el que podían caminar sin correr el riesgo de caerse con alguna piedra, agujero o bache? ¿Por qué hay gente que cree que son los únicos que tienen derechos?

Lo que más me indigna del asunto es que la persona de la bicicleta no era un adolescente descerebrado de los que hay muchos en bicicleta; era una persona adulta, de unos cuarenta y pocos años diría yo, que supuestamente volvía de trabajar, o iba a ello. Sólo espero que cuando llegue a anciano no se vea en la tesitura de no poder caminar con agilidad y necesite transitar por lugares en los que la única posibilidad sea el invadir un espacio dedicado a otros medios de transporte.

Y lo confieso: mientras se alejaba pedaleando fui yo el que se acordó de algunas de sus capacidades intelectuales..., para mal, por supuesto. ¡Es que hay cada idiota con pedales...!

...pues pa tiquismiquis, yo.

Tengo una manía..., bueno algunas más, pero me refiero a ésta en concreto: me molestan las faltas de ortografía, sobre todo las que provienen de un uso despreocupado del idioma. Hablando claro, las que vienen de pasar olímpicamente de las más mínimas reglas ortográficas.

Si encima las veo en un cartel que he pagado con mi propio dinero, firmado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, el cabreo aumenta hasta la cota de la indignación...

¿A qué me refiero? A la campañita estúpida de "De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo" o "De todas las mujeres que haya en mi vida, ninguna será menos que yo"...

No entiendo cómo pueden gastarse ese dineral en frases bien sonantes, rimbombantes y tan vacías. Por supuesto, la política social del gobierno es muy productiva. En lugar de educar a la gente en valores coherentes, ponemos carteles en las paradas de los autobuses que ningún maltratador va a leer. Muy efectiva, claro. Es como ir a una taberna de esas donde se juntan los asesinos de ETA para poner cartelitos con una pistola rota con un lema parecido a "No me uses, por favor".


No voy a hablar sobre la política social (que dicen ellos que es social) del gobierno. No voy a hablar de que he leído que en Andalucía los embarazos de adolescentes menores de edad han subido un 20% en los últimos años. Por supuesto, no tiene que ver con el repartir preservativos en los institutos y discotecas como si fueran caramelos, o con permitir que una niña asesine a su hijo indefenso en su propio vientre sin que se enteren sus padres, o con la maldita frase de "vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver"... Más bien ellos dirán que tiene que ver con que no han repartido suficientes condones o que aún hay en la sociedad "demasiadas reminiscencias conservadoras". No con la cultura hedonista y sin valores de "diviértete todo lo que puedas sin preocuparte de tus acciones; ya nos encargamos nosotros de buscarte la cohartada perfecta para que no te remuerda la conciencia... O más fácil: nos encargamos de anularte la conciencia". Pero como decía antes, no voy a hablar de éso.

Mi indignación viene a colación del nombre de la página web (que ésa es otra: ¿alguien me puede explicar qué labor social se lleva a cabo con esa web que también pagamos todos?): maltratoZero.com.

Me indigna el que se escriba "cero" con zeta. Y me indigna, además, porque me resulta sospechosamente parecido al nombre de una conocida revista de temática bastante... ¿cómo lo digo sin parecer despectivo? "gay". Porque los adolescentes de ahora, tan bien educados ellos, con tanta cultura y tanta formación que reciben en sus institutos, ven la palabra "zero", y la hacen suya. Vale, como nombre de página web no importa mucho, pero a mí, que soy muy tiquismiquis con estas cosas, me duele la vista al leer semejante atropello al idioma de Cervantes. Lo siento, soy así: las faltas de ortografía me pueden, sobre todo sin son de un ministerio... ¿Tiquismiquis? Pues sí, mucho.
(Y no voy a decir nada sobre la campaña..., por ahora)...

Tiquismiquis

(Espero que no se interprete mal nada de lo que voy a decir aquí.)

Desde hace seis años acudo todos los jueves por la noche a un local donde se hacen monólogos de humor. El espectáculo comienza sobre las 22'30 aproximadamente, y suele acabar un par de horas más tarde. Cuando acaban las actuaciones, las 200 personas que aproximadamente suelen ir allí cada jueves recogen sus cosas y se marchan a casa. Nunca ha habido problemas.

Anoché llegué cuando la gente salía ya del local (unos compromisos "laborales" me impidieron llegar para ver los monólogos), y estuve, como cada jueves, charlando con la gente en la puerta; saludando a los conocidos, preguntándoles... unas 30 ó 40 personas charlando, sin más. De repente, sin previo aviso, desde la segunda planta del edificio sobre el que está el local, comencé a oir a alguien gritar. Miré hacia arriba y vi a un señor, de unos 50 años, en camiseta interior, que muy enfadado, nos gritaba a nosotros.

-"Ésto es un área de viviendas, son las 00'30 de la noche y hay gente que tiene que descansar. La diversión termina cuando se molesta el descanso..."

Nos gritó alguna que otra cosa que omito. ¿Por qué explico todo ésto? Pues por lo dicho anteriormente: 6 años, todos los jueves, las mismas horas, más o menos el mismo número de personas y el mismo "modus operandi". Y nunca, repito, NUNCA nadie nos había dicho nada. Supongo que este señor estaba durmiendo, tuvo un mal despertar, no pudo volver a dormirse y como oía ruido abajo, decidió asomarse y descargar su mal humor contra nosotros...

No voy a defender, por supuesto, a esas pandillas de desaprensivos que se dedican a molestar el descanso de la gente montando fiestas bajo sus propias ventanas sin ningún respeto ni educación. Pero lo de anoche me pareció la otra cara de la moneda. Por supuesto, hay que respetar a todo el mundo, pero, a veces, es posible, que nos haga falta ensanchar un poquito la manga...