29 jun. 2008
No sé si os lo habéis planteado, pero mañana, a estas horas, tal vez seamos campeones de Europa de fútbol..., o subcampeones.

No sé si os habéis dado cuenta de la facilidad con la que nos ilusionamos los humanos. Resulta que hay once tíos en pantalón corto, ganando un dineral que el 99% de nosotros no vamos a ver ni trabajando dos vidas que tuviéramos, que son capaces, con sólo meter una pelotita en una red (o meterla una vez más que el contrario), de alegrarnos el día.

Pero si esos mismos once tíos, que ganando lo que ganan dicen que necesitan ganar más porque su "vida laboral" es corta, dejan que el contrario les meta la pelotita una vez más que ellos en su red, nos dan la noche.

¿Qué quiero decir con ésto? Que nos conformamos con bastante poco. Que estamos ansiosos de que España gane el europeo, de ver a Íker (porque ya no es Casillas, ya es Íker) levantar esa copa plateada a la vista de toda Europa, de ver a los jugadores españoles llorando de alegría sobre el césped como los niños que aún son, de salir con los amigos a ponernos nerviosos durante 90 ó 120 ó 130 minutos... Estamos ansiosos de vivir esa experiencia que podremos contar a nuestros nietos...

...pero, ¿y luego, qué? El lunes volveremos al trabajo, la rutina, el día a día, los atascos, las colas para comprar el pan, el calor a la hora de planchar... Sí, campeones de Europa, ¿y qué?

¿Y a qué viene todo ésto? Pues a lo que decía al principio. Somos fáciles de contentar. Nos conformamos con meras sombras de felicidad. Con una felicidad superflua. Con una felicidad de pega que dura lo que dura el momento. ¿Nos daremos algún día cuenta de que hay una Felicidad de verdad? ¿Una Felicidad con mayúsculas? O mejor dicho, ¿querremos darnos cuenta de que lo sabemos y de que la dejamos escapar porque no somos lo suficientemente valientes, o generosos, o humildes, o sinceros, o...?

Eso sí, la felicidad de ver a España campeona de Europa no nos la va a quitar nadie. El ver cómo les marcamos dos goles a los alemanes, el ver cómo Luis Aragonés desaparece para dejar el protagonismo a los jugadores (qué grande ése gesto de los entrenadores), el ver cómo (lo siento, tengo que decirlo) NADIE se ha acordado de Raúl, el ver a Íker levantar la copa... Esa felicidad es sana, sobre todo porque la compartimos con mucha más gente. Y éso es lo más importante de "cualquier" felicidad.
25 jun. 2008
Hace bastante tiempo alguien me contó una historia sobre una mujer mayor que se me quedó grabada a fuego.

Contaban que aquella señora nunca hablaba mal de nadie. Era capaz de ver sólo sus virtudes hasta al más ruin de los humanos. En la ciudad había un hombre al que todos temían y odiaban a la vez. Un hombre sin escrúpulos, mezquino, avaro, que no dudaba en destruír a cualquiera para su propio beneficio. Sin familia, sin amigos, nadie parecía albergar un mínimo buen sentimiento hacia él. Vivía solo. Cuando murió todos respiraron, nadie le lloró. Eran conscientes de que la mayoría de sus problemas desaparecían con él.

Cuando fueron a dar la noticia a aquella señora, sabían que ni siquiera ella sería capaz de ver algo bueno en la vida de aquel hombre. Pero cuando se lo dijeron, ella exclamó: "Es una pena. Pasaba todas las mañanas por debajo de mi ventana de camino hacia su despacho, paseando. ¡Y silbaba tan bien...!"
23 jun. 2008
En un principio este blog no iba a existir, pero me apetecía tener un sitio donde explicar mis puntos de vista sobre temas serios, temas que me preocupan o, simplemente, temas de los que quiero decir lo que opino. Supongo que habrá algunas cosas en las que no estemos de acuerdo, otras en las que lo estemos, y algunas en las que, sin más, no queramos estarlo. Pero este sigue siendo un país libre, aunque algunos se empeñen en luchar para que deje de serlo poco a poco.

En fin, estaré por aquí.