29 may. 2009
En serio, no sé por qué lo hago. Me empeño en tratar de leer el folleto oficial del gobierno (ahora se llama "El País") y siempre acabo escribiendo mil comentarios, que NUNCA publican, y con la sensación de que lo han conseguido; han estado durante tantísimo tiempo tratando de adormecer la conciencia y el sentido común de la gente, que al final lo han conseguido.

Me gustaría poder preguntarles qué es lo que entienden por libertad de expresión, qué es lo que entienden por justicia, qué es lo que entienden por social, qué es lo que entienden por dignidad, por igualdad... Pero de sobra sé lo que me contestarían: lo que nosotros decidamos que sean en cada momento según nos convenga o no.

Ellos hablan de que la Iglesia pretende volver a la inquisición cada vez que algún obispo hace alguna declaración llamando a las cosas por su nombre. Me pregunto si ellos saben que se están acercando peligrosamente a una dictadura, por no llamarlo nazismo... todavía.
25 may. 2009
No soy muy partidario de copiar cosas de otros desde que en E.G.B. una compañera se chivó al profesor de que yo estaba haciendo éso mismo en un examen de matemáticas; no había sido capaz de memorizar las clases de triángulos que hay dependiendo de los ángulos que lo formen..., pero he querido copiar esta entrada que, por casualidad, he leído en otro blog (http://descorriendoelvelo.spaces.live.com/blog). Es algo largo, pero creo que bastante interesante.

La foto es de un bebé de 21 semanas, aún sin nacer, llamado Samuel Armas al que se le había diagnosticado una espina bífida y nunca sobreviviría, a menos que se le practicara una operación intrauterina.

El Dr. Bruner, tras numerosos estudios realizados en el Centro Médico Universitario de Vanderbilt, en Nashville, anunció que él podría llevar a cabo la operación, con el bebé dentro de la matríz materna.

Este pestigioso cirujano declaró haber vivido el momento más emotivo de toda su vida, cuando sintió la mano de Samuel asiéndole uno de sus dedos, a modo de agradecimiento por obsequiarle con el regalo de la vida.Por supuesto, el Dr. Bruner permaneció helado, -totalmente inmóvil por varios segundos- durante los cuales Samuel seguía cogiéndole el dedo.


Michael Clancy, un fotógrafo profesional que nunca había cubierto casos médicos, se enteró que en la Universidad de Vanderbilt en Nashville, (Estado norteamericano de Tennessee), tendría lugar algo que podía considerarse como un "noticia importante", por lo menos en el campo de la cirugía: la operación de un niño por nacer en el vientre materno. Conseguida la autorización para tomar la foto, Clancy nunca se preparó para lo que su obturador registraría: el momento en el que pequeño bebé recién operado estira su pequeñísima mano desde el interior del útero de su madre para sujetar uno de los dedos del médico que lo había intervenido.

La atracción de la imagen tal vez radica en que, al observarla con detenimiento, ésta transmite un mensaje elocuente: la vida del bebé literalmente pende de un hilo; los especialistas aún no están en capacidad de mantenerlo vivo fuera del útero materno y deben tratarlo dentro de la matriz para corregir su fatal anomalía y cerrar luego el ambiente en el que debe terminar de crecer. En ese marco dramático, el pequeño bebé toma el dedo del médico, como si quisiera transmitir su fragilidad y, a la vez, su agradecimiento.

Pero la historia detrás de la imagen es más impresionante aún. Se trata de la experiencia, lucha y confianza de una pareja de esposos que decidió agotar hasta el último recurso para salvar la vida de su primer hijo.

Julie y Alex Armas viven en Georgia, Estados Unidos. Ellos lucharon durante mucho tiempo por tener un bebé. Sin embargo, cuando cumplió 14 semanas de gestación comenzó a sufrir fuertes calambres y una prueba de ultrasonido mostró las razones. Al revelar la forma del cerebro y la posición del bebé en el útero, la prueba evidenció serios problemas. El cerebro de Samuel lucía deforme y la espina dorsal se desprendía de una columna vertebral que también lucía anomalías. El diagnóstico no se hizo esperar, el bebé sufría de "spina bífida", un síndrome por el cual la columna vertebral en formación no cierra, dejando la médula expuesta y afectando seriamente funciones motoras.

A los padres se les propuso elegir entre un aborto o un hijo con serias discapacidades.Alex, un ingeniero aeronáutico de 28 años de edad, relata que se sintieron devastados por la noticia pero, por su profunda fe, el aborto nunca fue una opción. Antes de dejarse abatir, la pareja decidió buscar una solución por sus propios medios y fue así como ambos comenzaron a solicitar ayuda a través de Internet. De esta manera, entablaron contacto con el Doctor Joseph Bruner -cuyo dedo es el que sostiene Samuel en la fotografía- y comenzó así una carrera contra el tiempo. Dado que afecta a la espina dorsal, la malformación puede llevar al daño cerebral, generar diversas parálisis e incluso una incapacidad total. Sin embargo, si pudiera ser corregida antes que el bebé nazca, se tienen muchas más opciones de curación.


Aunque el riesgo era grande y el bebé no podía nacer en ese momento, los Armas decidieron encomendarse a Dios... y ensayar la novedosa cirugía. La operación fue un éxito. Durante ella, los médicos pudieron tratar al bebé –cuyo tamaño no era mayor al de un conejillo de indias- sin sacarlo del útero, cerrar la brecha originada por la deformación y proteger la médula espinal, que sirve de camino para las señales nerviosas desde y hacia el cerebro.

Samuel se convirtió así en el paciente más joven en haber sido sometido a una intervención quirúrgica de su tipo.

Samuel nació a través de una operación cesárea el 2 de diciembre de 1999, casi un mes antes de lo previsto, un poco bajo de peso, como era de esperarse, pero en perfecto estado de salud, a pesar de las naturales secuelas de su problema, especialmente una cierta rigidez en las piernas.

Dos meses y medio después de su milagroso nacimiento, el pequeño Samuel inició un arduo programa de rehabilitación destinado a completar el éxito de la operación intrauterina que le practicaron cuando sólo tenía 21 semanas de gestación.

La Sra. Armas confesó que siempre supo que la complicada operación intrauterina no implicaba la cura para su hijo sino "una gran esperanza". Pero las buenas noticias no son pocas: el menor no ha desarrollado hidrocefalia, o sobreproducción del fluido cerebral que es una de las complicaciones más comunes de la espina bífida. La última prueba de ultrasonido sobre su cabeza demostró que era prácticamente normal.

"Él es un bebé típico, nos mantiene despiertos toda la noche", agrega Julie y expresa que con su esposo han decidido no conceder más entrevistas porque no quieren perder su vida privada. Sobre las entrevistas ya publicadas, Julie afirma que las hicieron conscientes "de que la gran mayoría de los bebés que sufren de espina bífida son abortados en el país". "Nosotros queríamos ayudar a la gente con nuestro testimonio. Somos una pareja educada y profesional que ama y valora a su hijo aunque para la sociedad tenga un defecto. No importa cómo sea Samuel, lo único que sabemos es que Dios le ha permitido nacer para impactar a otros con una fotografía de su pequeña mano".

Por otra parte, según Justine McCarthy, una veterana periodista irlandesa, "nadie puede dejar de sentirse conmovido por la poderosa imagen de esta pequeña mano sujetando el dedo del cirujano" y así como una mano puede salvar vidas, esta imagen "es tal vez el argumento más fuerte contra el aborto".

Para Joseph Bruner, el médico que operó a Samuel, la operación ha lanzado un interesante desafío a la sociedad estadounidense, considerando que miles de bebés son abortados a la misma edad en que Samuel fue salvado. "Al practicar operaciones para mejorar la calidad de vida de estos niños, es difícil justificar una operación que podría tomar sus vidas. Al avanzar a través de este campo ideológico, la sociedad va a tener que hacer una seria introspección porque es imposible sostener ambas posturas", afirma Bruner.

Otro fruto sorprendente de la fotografía es el cambio de vida del fotógrafo que captó la conmovedora imagen del bebé. Michael Clancy nunca imaginó que lo que vería no sólo llevaría una de sus fotos a los principales medios del mundo sino que lo ayudaría a comprender que es necesario defender a los no nacidos. El fotógrafo de 43 años, que nunca antes había fotografiado una intervención quirúrgica, confesó que ver a Samuel fue una experiencia sorprendente que lo convirtió en "un pro-vida". Clancy dice que nunca antes se había dado cuenta que los abortos legales pueden ser practicados en el quinto mes del embarazo y aún después. De hecho, en Estados Unidos los abortos son legales hasta el momento previo al parto.

Este es Samuel hoy. Lleva una vida 100% normal... Y todavía seguimos cuestionando, ¿¿porqué será el aborto un delito??
¿Y todavía nos preguntamos si Dios existe?
Que la historia de Samuel toque su corazón,y Dios le bendiga...

Seguramente nuestra letrada y científica señora ministra seguirá pensando que el pequeño Samuel sólo es un ser vivo, no humano.

Por cierto, se me acaba de venir a la cabeza una duda: ¿Por qué los grupos antitaurinos no han pedido ya la dimisión de Bibiana? Si a un ser vivo en el vientre de su madre se le puede matar, ¿por qué vamos a prohibir la fiesta de los toros? ¿O es que un toro no es un ser vivo? ¿Un ser humano, quizás?

20 may. 2009
...un comentario que un "Anónimo" ha dejado en mi anterior entrada, se me ocurre una disquisición: parece que la ministra dice que se puede eliminar al niño engendrado en el vientre de la made porque en los primeros estadios de su vida no es un ser humano, sino sólo un ser vivo. O sea, que podemos cargarnos a los linces ibéricos: sólo son seres vivos...

Pero no era éso lo que pensaba, si no más bien en una duda que me surgía: ¿hay algo en la naturaleza que empiece siendo una cosa y termine siendo otra? Quiero decir, ¿se puede ser antes animal y luego ser humano? ¿Se puede ser árbol y luego transformarse, ¡oh milagro de la naturaleza!, en animal?

Sí es cierto que ese cambio se puede producir en la raza humana: se puede ser un inepto y transformarse en ministro...; ya habría que preguntarse si ministro-ser-vivo o ministro-ser-humano...
...si una niña de 16 años puede eliminar una vida de su vientre sin que sus padres lo sepan o sin necesidad de pedirles permiso...

...por qué no puede votar?

...por qué no puede conducir?

...por qué no la puedo contratar en mi empresa?

...por qué no la puedo mandar, con el ejército, a una zona de conflicto o en labores humanitarias?

...por qué no se le puede expender alcohol en un bar o en un comercio?

...por qué no puedo mantener relaciones sexuales con ella sin caer en la pederastia?

...por qué no puedo tener en internet una página erótica con fotos de "dieciseisañeras"?

Al gobierno se le está yendo el tema de las manos, pero están tan obcecados que no quieren reconocerlo. El problema es que sus errores y su obcecación están acabando con la vida de muchos españoles. ¿Para cuándo habrá un tribunal que acuse a estos señores de crímenes contra la humanidad?
17 may. 2009
¿Y ahora qué? En esta espiral genocida en la que nos ha embarcado nuestro democrático gobierno, resulta que, no conformes con acercarse peligrosamente (yo diría que incluso superando) al nazismo, quieren hacer cómplices a los niños de sus bacanales asesinas.

Nos escandalizamos cuando vemos niños pequeños cargando fardos que superan en bastantes veces su peso, niños explotados sexualmente en islas paradisíacas para regocijo de ricos y enfermos, niños portando armas como si fueran juguetes y perfectamente pertrechados tras su uniforme militar, niños usados para mendigar un mal mendrugo de pan o usados para portar drogas de un lado a otro como vulgares camellos... Todo nos escandaliza y nos produce desasosiego. Eso sí; podemos soportar que una niña de 16 años tenga la opción de ir a la farmacia y, por mor de nuestra querida democracia y de nuestro gobierno tan democrático, automedicarse y asesinar a un ser humano sin seguramente ser consciente de lo que realmente hace porque nuestro democrático gobierno ha decidido qué es o no es un ser humano; quién tiene que vivir y quién puede ser aniquilado; quién es necesario y quién un mero objeto de usar y tirar...

Eso sí, todo muy democrático, tal y como accedió Hitler al poder.
12 may. 2009

No sé a vosotros, pero a mí, a veces, me da la sensación de que los hijos estorban en esta sociedad. En cuanto nacen se les mete en la guardería, cuando están en el colegio se les apunta a actividades extraescolares, cuando son adolescentes se les manda a campamentos de verano o intercambios culturales (que de culturales suelen tener sólo el nombre), cuando son jóvenes se les manda a estudiar al extranjero...

Tal vez yo sea un poco radical en este tema, pero ayer, hablando con una amiga, me decía: "Es que, que yo tenga un hijo, no significa que tenga que renunciar a mi vida", a lo que yo le respondí que sí. Que cuando tienes un hijo, tu primera prioridad debe ser tu hijo, no tu vida (si obviamos, que es lo que parece que le pasa a esta sociedad, que tu hijo ES tu vida). Un hijo no es un capricho, que es lo que parece ahora mismo. "Tenemos derecho a tener hijos". No, perdón: usted NO TIENE DERECHO a tener hijos. Se tienen derechos sobre posesiones, sobre cosas que nos son dadas por justicia..., pero no sobre una persona. Por el contrario, es ese hijo el que tiene derechos. Debemos aclarar los conceptos.
10 may. 2009
Hace algunos meses me encontré en una librería un libro (raro, ¿verdad? Encontrar un libro en una librería...) de Miguel Gila. Sí, aquél de "¿oiga, es el enemigo?". Era un libro de relatos cortos, surrealistas, de hechos extraños e incluso absurdos. A mí siempre me han gustado los relatos cortos, así que decidí intentarlo y escribir algunos. Éste me salió de una sentada..., y me gusta. Os lo dejo para que lo juzguéis...


PARADA TÉCNICA


Tenía que parar. No podía más. Llevaba cinco horas seguidas conduciendo y sentía la vejiga como una bota de vino: tensa y llena a reventar.

Buscó con la mirada una gasolinera a lo largo de la carretera, y a lo lejos pudo ver el cartel de una que parecía estar en su camino.

Aceleró un poco más. Sabía que estaba infringiendo los límites de velocidad, pero aquello era una urgencia. Podía parar en el arcén unos instantes, pero nunca le había gustado mear en público: nunca.

Fueron los cuatro minutos más largos de su vida. No recordaba haberlo pasado tan mal por una necesidad tan cotidiana en todos los días de su vida; aunque tampoco era capaz de tratar de recordar, concentrado como estaba en tratar de retener su vejiga.

Cuando llegó a la gasolinera, empapado en sudores fríos, con los ojos nublados y sin apenas poder contenerse, comenzó a correr hacia la parte trasera, donde estaban los servicios. Durante el corto trayecto desde su coche hasta allí, rezó para que estuviesen abiertos.

Al llegar a la puerta y poner la mano en el picaporte le recorrió la espalda un escalofrío, como una descarga eléctrica, y notó que se le erizaban los vellos de los brazos. Estaban abiertos.

Conforme se acercaba al urinario notaba que todo comenzaba a fluir lentamente…, pero llegó a tiempo, antes de que todo escapase a su control irremediablemente.

Sintió dos nuevos escalofríos, pero esta vez de alivio, subiéndole desde la cintura hacia el cuello. Nunca se había alegrado tanto de estar en un servicio público.

Al acabar se dirigió al lavabo, totalmente relajado, como si hubiese estado durmiendo dos días seguidos. Abrió el grifo y empezó a lavarse las manos. Era algo que, como hombre, nunca solía hacer, a menos que alguien estuviese haciéndolo cuando él se iba del servicio, o que fuera acompañado de alguna mujer que le esperase fuera. Pero esta vez lo hizo.

Oyó entonces una cisterna que sonaba tras una de las puertas que estaban cerradas y que él no había visto al entrar porque iba a lo que iba. No le dio importancia. Quien salió del servicio, al verlo allí, lavándose las manos, hizo lo mismo. Abrió el grifo del lavabo contiguo al suyo y puso sus manos bajo el agua.

Cuando él hubo acabado, se secó las manos y se dirigió a la puerta, no sin antes dirigir una mirada al desconocido a través del espejo y dejar escapar un “¡hasta luego!” de cortesía. El desconocido respondió con la misma frase.

Al salir del servicio se dio cuenta de que algo no cuadraba en todo aquello. Había visto algo raro, pero no sabía qué exactamente. Se sintió tentado de volver a entrar para aclarar sus dudas, pero decidió esperar a que saliera el desconocido. Sacó un cigarrillo y empezó a fumárselo en la puerta del servicio, apoyado contra la pared. Y se abrió la puerta.

El desconocido salió y se le quedó mirando. “¡Hasta luego!” le dijo, y él respondió. Y se percató de qué era lo que no cuadraba. El desconocido iba vestido de forma normal: vaqueros, camisa de cuadros, zapatos deportivos…; la ropa de alguien que está haciendo un largo viaje y quiere ir lo más cómodo posible. El problema estaba en que su piel era verde, sus ojos extremadamente grandes, con forma de almendra y negros, su nariz eran sólo dos huecos en lo que parecía su rostro, y su boca no parecía más que una raja horizontal debajo de la nariz.

Le miró las manos. Eran más o menos normales, salvo ese color verde y los dedos más largos de lo normal.

Estaba claro: era un disfraz. No podía ser otra cosa. Siguió al desconocido con la mirada hasta que lo perdió tras la esquina de la gasolinera. Entonces decidió volver a su coche. Oyó algo parecido al cierre suave de una puerta y un motor como de moto de gran cilindrada arrancando…

Dio la vuelta a la esquina. Allí estaba su coche y, al lado, algo como un cacahuete inmenso, brillante y totalmente liso, como cerrado al vacío. Estaba flotando en el aire. Entonces vio cómo se abría un hueco en la superficie del cacahuete metálico, aparecía la cabeza del desconocido verde, volvía a decirle “¡hasta luego!” agitando una de sus manos, e inmediatamente, el extraño vehículo salía de la gasolinera y se elevaba rápidamente hacia el cielo. Lo siguió hasta perderlo de vista, y volvió a su coche.

“Debe haberlo pasado mucho peor que yo para encontrar un servicio en mitad del espacio. No sé si yo habría sido capaz de aguantar tanto tiempo”, pensó. Arrancó y siguió su viaje.
7 may. 2009
Cada vez que el F.C. Barcelona llega a alguna final europea, como pasó anoche, en mi casa se produce un debate sobre "El estado de la nación". Personalmente me alegra que haya un equipo español en una final europea, pero mi padre, tras el golazo de Iniesta, sólo sabía decir que los azulgranas habían tenido mucha suerte y que al Chelsea le habían robado cuatro penaltis... En resumen, no quería que el Barça llegara a la final. Y para él tiene una fácil explicación: los barcelonistas no se sienten españoles.

Como en este país, España, se tiende a confundir muy a menudo las churras con las merinas, los presidentes de fútbol, a menudo, confunden el deporte con la política, que es lo que le pasa al mandatario del Barcelona. A mi padre, fundamentalmente, le han molestado sus manifestaciones cuando decía que "su país estaba situado entre España y Andorra". "Todos los equipos españoles en competiciones europeas llevan la bandera de España, menos el Barcelona", es lo que dice mi padre. Y no le gusta nada; por ende, no quiere que los de Pep Guardiola ganen nada porque no representan a España sino a sí mismos. Y es lo que yo le digo a mi padre: "una cosa es lo que ellos quieran ser y otra muy distinta lo que sean realmente". Por mucho que se empeñen, son españoles, aunque digan lo contrario. Yo a veces quiero ser negro, o alto, o heavy para tener melena, pero soy lo que soy... y es lo que hay, le pese a quien le pese.

Y mucha suerte para los culés (y los demás españoles) frente al Manchester.
6 may. 2009
Por lo general nunca me he fiado mucho de los sindicatos, y con la que está cayendo, menos aún. Resulta que donde trabajo hay, fundamentalmente, tres. Se pasan casi todos los días por cada puesto dejándonos panfletos poniendo verde a la empresa pero, sobre todo, poniéndose verdes unos a otros: "que si no nos invitaron a la reunión", "que dicen una cosa y luego hacen otra", "que no respetan los acuerdos de tal o cual convenio...", "que la mesa..."

Yo me pregunto, ¿para qué sirven los sindicatos en España? ¿No se supone que están para defender a los trabajadores? ¿Por qué, entonces, tanta controversia entre ellos? Si su fin está tan claro, ¿qué hacen peleándose?

De un tiempo a esta parte hay una duda que me ronda: ¿cuántas huelgas generales habríamos tenido ya en España si el gobierno hubiese sido de otro color? ¿No es suficiente la situación como para convocar una? ¿No era ya suficiente la situación hace bastantes meses? ¿Qué es lo que hace que los sindicatos no salgan en la tele contínuamente como hace algunos años, poniendo a parir al gobierno? ¿Qué tipo de connivencia indecente existe entre los sindicatos y ZP?

Y me dicen que si tengo algún problema que acuda a los sindicatos... Ya.
3 may. 2009
Los que tratan de cambiar el significado de las palabras para su propio beneficio saben lo que hacen. Está claro que no posees algo hasta que no lo pronuncias. Siempre me ha encantado la imagen de que tu nombre no tiene sentido hasta que alguien lo pronuncia con amor; por éso el Bautismo, aparte de librarnos del pecado original, es la forma que tiene Dios de pronunciar nuestro nombre para que todos sepan que le pertenecemos, que nos acoge bajo su mirada de Padre.

Con esta nueva pandemia que se nos avecina a propósito de la, antes llamada, gripe porcina, la OMS ha decidido cambiar el nombre a dicha enfermedad. ¿Por qué? Pues simplemente porque "estábamos recibiendo informes de que en algunos lugares los cerdos estaban siendo sacrificados, y eso no está bien. Los animales no son los culpables de lo que está ocurriendo", confirmó el director. Es el poder de la palabra: basta con llamar a algo "peste porcina" para que la tomemos con los pobres cerdos. Recordemos que Dios creó el mundo simplemente pronunciando la palabra "Hágase". Para que después vengan los científicos a decirnos que las matemáticas mueven el mundo; pues las palabras lo crearon (mi parte filóloga dixit).

Es una lástima que no nos empleemos con tanto empeño en evitar que las palabras confundan. No existe el aborto, si no la palabra asesinato. Mientras no consigamos que se llame a las cosas por su nombre no venceremos la batalla. Es el poder de la palabra, y los que gobiernan el mundo lo saben...
1 may. 2009
Hace algunos años, cuando era adolescente, un amigo de mi padre que vino de visita a casa después de asistir a una misa de difuntos me dijo: "Conforme te vayas haciendo mayor vas a tener que ir acostumbrándote a estas cosas". Y es cierto. Primero empiezas con los abuelos propios y los de tus amigos. Luego son los familiares y los padres..., supongo que también llegará el momento en que tendré que asistir a misas por amigos, o mis amigos asistirán a la mía... ¿Adónde quiero llegar con todo ésto? Pues que es complicado explicar el sentido de la muerte sin un poco de fe; incluso el sentido de la vida, por qué no decirlo.

Últimamente abundan las personas que mi padre llama "animalito" (con todo el cariño); gente que no cree en la parte espiritual del hombre, que piensa que estamos aquí para desaparecer al final. Me pregunto si quieren creer éso para no tener que escuchar a su conciencia, o si realmente no creen que, como decía la santa, "esta vida es una mala noche en una mala posada"; que no somos más que un experimento de la naturaleza.

En cualquier caso, tarde o temprano saldremos de dudas, pero hay que reconocer que el vivir con fe nos da cierta ventaja sobre los que no la tienen: la ventaja de saber que ésto no es más que una carrera de fondo, y que en la Meta, si hemos corrido bien (como decían en Ben-hur cuando estaban en las galeras: "te mantenemos vivo para que sirvas en esta nave, así que rema bien y vive") todos seremos vencedores en la Meta.