9 sept. 2010
Ayer caminaba hacia el lugar donde había quedado con un amigo, y como a mitad de recorrido alguien, que también andaba, me detuvo para preguntarme:

- ¿Eres de esta zona? ¿Sabes si hay algún club por aquí?

No me preguntaba precisamente por un club cultural o deportivo (lo sé porque le pregunté qué tipo de club buscaba y me lo especificó sin ningún rubor).

Mi reacción fue indicarle que justo enfrente de donde estábamos había uno. Le pareció algo "cutre" la pinta que tenía y me preguntó si conocía alguno más al que se pudiese llegar andando. A esa pregunta le respondí que no tenía ni idea. Y seguimos cada uno nuestro camino.

Luego mi conciencia me regañó... Tal vez ni siquiera tendría que haberle indicado aquel del otro lado de la acera. Tal vez, si no quería entretenerme demasiado, con haberle mentido diciéndole que no había clubs de ese tipo en la zona, hubiera bastado. Tal vez podría haber perdido algo de tiempo en preguntarle qué iba a hacer a un sitio de ésos, en los que tanto se degrada a quien "trabaja" ahí como a quien recurre a esos servicios. Tal vez podría haberle preguntado si no le esperaba una mujer en casa, unos hijos, una novia, una madre... Pero no lo hice..., y mi conciencia me regañó.

Si estamos obligados a mantener nuestra propia lucha lejos de los muros capitales de nuestra alma, también estamos obligados a tratar de que la gente que nos rodea no se empeñe en llevar al enemigo a las puertas de su casa..., y mucho menos dejarles que lo inviten a pasar al salón.

Es una gran responsabilidad de la que nos pedirán cuenta.

0 comentarios: